En 2006, en un pequeño taller de Salta, Silvia Lazo Rendón y Gustavo Cabero imaginaron un espacio donde diseñar fuera, ante todo, una forma de estar cerca. Así nació SOVIA.
Dos décadas más tarde, aquella idea inicial sigue viva. No hay dos siluetas iguales, no hay dos relatos iguales, y cada vestido nace justamente de ahí: de honrar lo irrepetible.
Sostener esa decisión llevó tiempo y mucho aprendizaje: atravesar crisis, cambios de consumo y la transformación digital, profesionalizando lo que no se ve, pero sostiene, y sumando a la venta exclusiva el alquiler con idéntico cuidado artesanal.
En el camino apareció un lenguaje propio. "Diseñado para tu cuerpo. Creado para tu esencia" no es sólo un lema, es un modo de hacer. Pensar la forma como arquitectura, elegir textiles nobles que acarician y bordar para iluminar, nunca para recargar. Nada seriado. Todo hecho a mano, con la paciencia del detalle mínimo y esa prueba que se repite hasta que la prenda abraza como una segunda piel.
Desde su casa de Ituzaingó 615, la marca demuestra que la alta costura late en el norte. Que se puede crear desde Salta con identidad federal y crecer sin perder calidez. La conversación previa al boceto y la escucha atenta valen tanto como la terminación final. Ese vínculo se vive puertas adentro y en su comunidad virtual en Instagram como @sovia_vestidos.
Veinte años de oficio que Cabero resume así: "no seguimos tendencias, las interpretamos desde lo que somos para crear piezas que queden, que no pasen”.