Bodega Isasmendi, vinos con alma y gran proyección internacional

Bodega Isasmendi nació como un hobby y terminó siendo un emprendimiento familiar del que participan abuelos, padres y nietos. En Cachi, a 2.530 metros de altura, se alza imponente sobre el paisaje y deslumbra a los paladares más exigentes con sus vinos de autor.

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Poca producción pero de altísima calidad y en condiciones de plena sanidad, son las premisas que guían el destino de esta bodega boutique, ubicada a pocas cuadras de la plaza de Cachi, un pueblo de características climáticas privilegiadas, que no alcanzarían sin la vocación y el amor que la familia Isasmendi inocula en cada cepa plantada en sus más de tres hectáreas y media.

La gran amplitud térmica, es decir los días calurosos y las noches frescas, la intensidad de la radiación solar, el aire limpio y fresco, y la composición del suelo cacheño, son las bondades naturales que los Isasmendi han utilizado a favor de su producción vitivinícola premium. Las desventajas están asociadas fundamentalmente a la logística, trasladar insumos hasta Cachi y luego recorrer el camino inverso hasta los centros de distribución con camiones cargados de botellas. Y a eso se le suma que cualquier desperfecto en máquinas o herramientas, los paraliza hasta que un técnico pueda subir a resolverlo. En este último punto, es importante destacar que entre los bodegueros de la zona colaboran y hasta aprenden oficios para salir adelante. No obstante las dificultades, la sonrisa no se les borra del rostro y el orgullo de estar frente a los viñedos más altos del mundo hace que valgan la pena todos los esfuerzos.

Con solo 12 mil litros de producción anual comercializado en territorio argentino, la familia sueña con alcanzar los mercados de los paladares más exigentes del mundo. Y es que su etiqueta Cellarius Malbec le está abriendo las puertas internacionales como un gran varietal de altura.

El abuelo Jean Paul, el señor del vino

Con camisa roja y un sombrero que lo protege del sol, Jean Paul Bonnal observa el terruño y la vista se le pierde en el punto exacto donde la punta del cerro que tiene enfrente se confunde con el cielo. En 1965, a cuatro años de la independencia de Argelia que era su país de origen, la familia Bonnal se instaló en Francia y compró un viñedo. Allí, Jean Paul se inició como vitivinicultor sin saber que la vida lo mantendría siempre cerca de las uvas.

Gracias a un convenio celebrado entre Francia y Argentina, él y otros compatriotas emigraron y se instalaron en una finca de Rosario de Lerma en la que se dedicaron a producir tabaco. Luego de muchos años de trabajo, se retiró  y esta nueva etapa de su vida coincidió con la decisión de su hija Sylvie y su esposo Ricardo Isasmendi de comprar tres hectáreas y una casa en Cachi, propiedad que le había pertenecido al Doctor Hoygard, un eminente médico noruego, admirado y respetado por los cacheños por su desempeño profesional en el pueblo pero sobre todo, por su calidez humana.

A pesar de que las tierras no fueron compradas inicialmente para plantar viñedos, este proyecto resultó inevitable y le dio a Jean Paul la posibilidad de volver a hacer vino y de transmitir todos sus conocimientos a las próximas generaciones.

Sylvie Bonnal, sonrisa y pasión

Con gran pasión y ahondando en detalles, ella explica el complejo entramado de elaboración del vino y mueve las manos como tratando de dibujar la inmensidad de lo que siente cuando habla de la bodega. Sylvie Bonnal, digna hija de su padre, habla con la seguridad de quien ha encontrado su lugar en el mundo gracias al destino.

Cuando ella y su esposo Ricardo Isasmendi; quien además pertenece a la familia que hace más de 180 años fundó la primera bodega del país, hoy conocida como Colomé; compraron las hectáreas en Cachi, las visualizaron como un lugar de descanso y luego plantaron viñedos para el consumo exclusivo de la familia. Pero la vendimia del 2005 los sorprendió, mostrándoles la fuerza y el potencial de sus frutas.

“La bodega nació porque tenía que nacer”, dice Sylvie afianzando el halo de magia y misticismo que configura la esencia de los vinos Isasmendi de altura. Tannat, Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Torrontés son las variedades que se trabajan de manera artesanal. El tamaño de la producción les permite realizar la fermentación en micro vinificaciones de 500 kg de uva y tener prácticas muy especiales como el bazuqueo, la observación constante del mosto y un cuidado cercano que se evidencia en el producto final. Todos sus vinos tienen como mínimo un tiempo de crianza de 6 meses en barricas de roble y otros 6 meses de estiva en botella.

Las cinco etiquetas para degustar el resultado de tanto esfuerzo son: Cellarius Torrontés y Cellarius Malbec, Jean Paul Bonnal, Familia Isasmendi y Dr. Hoygard.

Se trata de vinos de alta gama, vinos de autor, destinados a un mercado exigente que valora la excelencia y paga por ella.

Clara, el futuro

Inteligente y dulce, Clara Isasmendi estudió en Europa y se recibió de Arquitecta. Hoy disfruta de las cavas de su bodega y abraza con fuerza la tradición familiar, asegurando que no es un mandato, sino una fuerza superior que la atrapó y la hizo instalarse en Cachi.

“Esta es una tierra de vid, el entorno es pura bondad para los vinos, si hasta somos orgánicos por defecto”, dice Clara y agrega entusiasmada: “Estamos haciendo estudios de mercado para conocer más aún a nuestro público. Estuve en congresos, seminarios y eventos internacionales donde nuestro vino es muy bien valorado. Queremos ser embajadores del vino de altura. Estos son los viñedos más altos del mundo y eso hace único a nuestro vino”. Ella, que recorrió Europa a partir de su formación académica, está dedicada a buscar el posicionamiento de la bodega en el mundo.

Seguir priorizando la calidad antes que los grandes volúmenes, dejar a la naturaleza actuar y hacer vinos con alma, son las premisas que la nieta de Jean Paul lleva grabadas a fuego y serán las armas con las que enfrentará los desafíos que el futuro tiene preparados para los vinos premium. En especial estos vinos, de toque francés y marcado aire calchaquí.

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