Los Pardo Hinojosa, de “De boca en boca”: una familia en la que la cocina se hereda

La calidez de la atención, el cuidado de los detalles y la honestidad en los insumos para elaborar los platos caracterizan a este restaurante familiar, en el que se come “como en casa”.

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Hace muchos años, con el apoyo de su esposa e hijas, el Gallego Hinojosa tuvo la brillante idea de poner una vinería: “El Galpón Bebidas”. Él se ocupaba de atenderla la mayor parte del tiempo pero a medida que su edad fue avanzando, tuvo que delegar esa responsabilidad. El elegido para hacerse cargo del negocio familiar fue su yerno, Pedro Raúl Pardo, quien se había casado con Iris Raquel Hinojosa y hasta ese momento se desempeñaba como técnico electromecánico y viajante de algunas empresas importantes.

Una vez que Pardo estuvo al mando, diversificaron la oferta y además de bebidas, vendían sandwichs y picadas. “El Galpón” funcionó bien un tiempo hasta que después aparecieron más vinerías en la zona y la familia no tuvo el capital suficiente para hacerle frente a la competencia. Aparte, el alquiler del local se vencía. Todo indicaba que había llegado el momento de mudarse.

“Estuve un tiempo buscando un nuevo espacio hasta que me encontré con una señora que tenía una pizzería en la 20 de febrero 1294 y ya no tenía ganas de seguir atendiéndola. Me pareció una buena opción y me vine con mi estantería de vinos y mi depósito. Acá había cocina amplia y un horno lindo así que sólo me faltaba el personal para empezar a trabajar. Puse un aviso en el diario buscando ayudante de sandwichero y cocinero y ahí aparecieron”, dijo don Pedro Pardo en una entrevista con IN Salta.

De “El Galpón Bebidas” a “De boca en boca”

El primer año intenso de trabajo dio sus frutos y de repente el restaurant se llenó de amigos, conocidos y parientes; pero también de vecinos de la zona y de otros lugares que llegaban porque tenían buenas referencias o habían escuchado algunas recomendaciones. Era el momento de cambiar el nombre porque el local ya no era más un galpón y ya no vendían bebidas a la calle. Así surgió De boca en boca, hace 10 años.

Lo cierto es que el local tiene cierto magnetismo. Los clientes se sienten súper cómodos y siempre vuelven por la comida y los buenos precios. Se debe destacar que toda la comida es casera y nada está precocinado.

Si querés comer rico, tenés que esperar de 25 a 30 minutos ¡pero claro que vale la pena!, porque el plato está fresco y la atención al público siempre es personalizada. Es común ver a don Pardo, a Iris o a sus hijos recorriendo discretamente las mesas, charlando con sus clientes e incluso haciéndoles bromas divertidas. “No es un negocio frío, al contrario siempre queremos hacerlos sentir como si comieran en su casa”, dijo Iris Hinojosa a IN Salta.

Además, la otra virtud de este restaurant es que la cocina está abierta hasta las 1 de la mañana. Recién a las 12.45 se hacen los últimos pedidos. No hay horarios para comer. “Si querés venir a comerte un bife a las 4 de la tarde, podés hacerlo o si querés venir a las 12 de la noche a tomarte un café y comerte una torta, también te estamos esperando”, agregó el señor Pardo.

El éxito de las rabas

Por sugerencia de un amigo de su hermano que tiene un restaurant cerca del Dique Cabra Corral, Pardo comenzó a vender rabas sin sospechar que se convertirían en uno de los platos más exitosos de De boca en boca. “Un día este amigo me dejó un paquetito de rabas para que pruebe. Hablé con mi cocinero para ver cómo las podíamos hacer y tímidamente pedí 10 kilos. Ahí empezó la rueda. A los 10 días eran 20 kilos y al mes ya eran 30 kilos”, recordó.

Las rabas se hicieron famosas y les dieron un gran impulso. Por eso comenzaron a buscar nuevas recetas por sugerencias de conocidos o por viajes que hacían en familia. Así surgieron las rabas “a la maroquilla” que tienen pickles y aceitunas y los langostinos rebosados con pan rallado, por ejemplo.

Abrir una sucursal en tiempos complejos

Por la constancia, el esfuerzo, el trabajo constante y sobre todo por la honestidad en los insumos utilizados en sus comidas, De boca en boca creció y logró atravesar los avatares económicos. Los Pardo Hinojosa reconocen que el mayor esplendor del negocio fue hace dos años; pero que con mucho sacrificio, lograron mantenerse y tener un buen rendimiento hasta ahora, a pesar de los vaivenes de la economía de nuestro país.

“Los miércoles son días de mucho movimiento porque vienen muchas mujeres a reunirse o a festejar algún cumpleaños. Lo mismo pasa con los muchachos que vienen a ver un partido o con las familias que llegan a almorzar. Yo creo que aunque esté difícil, la gente no se priva del todo y se da el gustito de salir a comer, aunque sea un día a la semana. Con mi familia también salimos a comer a otro lado para conocer y para variar un poco el paladar”, aseguró don Pardo a IN Salta.

Esta familia no se ha quedado sentada y de brazos cruzados a esperar que mejore la situación económica y se aventuró a abrir una nueva sucursal de De boca en boca en San Lorenzo, que se inauguró hace pocos días.

Lautaro, uno de sus hijos, llegó un día con la propuesta y a pesar de ser un local grande en el que se hizo (y se continuará haciendo) una inversión también grande, fueron audaces y lo apoyaron. “Nosotros somos trabajadores y el trabajador sobrevivió en todas las crisis, las hemos pasado a todas. Seguimos trabajando, seguimos pagando impuestos y seguimos haciendo. Si vamos a esperar que en algún momento la economía de argentina esté estable, vamos a seguir así por siempre. No tenemos ningún tipo de seguridad de que nos va a ir bien, pero lo mismo apostamos. Creemos en la gente, en nuestra clientela, como siempre”- dijo Iris Hinojosa.

Anastacia: del tiramisú a Il Sapore

En la casa de los Pardo Hinojosa siempre se cocinó rico. Tanto la mamá de Pedro como la de Iris, fueron excelentes cocineras; no porque hayan estudiado para serlo, sino porque les gustaba demostrar cariño a los suyos a través de platos elaborados y postres. Aparentemente esos genes fueron heredados por Anastacia, la segunda de los cuatros hijos que tuvo el matrimonio, ya que hace poco inauguró Il Sapore, su propio local en el que vende tortas frías, enteras y en porciones para retirar.

Antes de convertirse en una de las pasteleras jóvenes e instagrammers más conocidas de Salta, Anastacia estudiaba Relaciones Internacionales; hasta que un día su mamá, fiel a sus raíces italianas, le propuso hacer un tiramisú.

“Le enseñé y le gustó. Comenzó haciendo poquitos para vender como postres en nuestro local, y ahora le va tan bien ¡que no se da abasto! Hace unas tortas fabulosas y si bien tuvo nuestra ayuda inicial al principio, todo lo que logró fue por su propia iniciativa y sus ganas”, contó Iris entusiasmada.

Desde muy chica, Ana tuvo en claro que quería algo propio para no depender económicamente de sus papás. Por eso en el 2017 comenzó su emprendimiento, sin sospechar en lo que iba a convertirse. “Me acuerdo que hicieron una feria en el Centro de Convenciones y yo fui con mi tiramisú ¡y tuve muchísimo éxito! ¡No lo podía creer! Después de eso, decidí incorporar otras tortas y las fui haciendo en bandejas chiquititas, como en porciones individuales y aproveché que en el local no había una carta de postres, así que los vendía ahí”, recordó.

Después de volver de un viaje totalmente renovada, la joven Anastacia empezó a manejar Instagram: subir historias, sacar fotos a las tortas y publicarlas y responder mensajes de sus clientes todo el tiempo. De a poco, construyó una comunidad de seguidores fanáticos de sus cosas dulces que nunca más dejaron de acercarse a comprarlas. “La mayor parte de mi público es de Instagram, es mi canal de ventas. Con las fotos que subo, los hago desear un montón. Me gusta hacerles boomerangs que dan la sensación de que la torta está viniendo a la boca. Los tengo bien estudiados y me gusta mimarlos”, dijo Anastacia en una entrevista para “Valor Agregado” por Cadena Máxima.

El éxito de su emprendimiento fue tan rotundo que la necesidad de tener un local propio fue inminente. Tal es así que hace unos meses en Mitre 1199, esquina 12 de Octubre, Anastacia inauguró la casa de Il Sapore, rodeada de su familia, amigos, emprendedores aliados, clientes fieles y seguidores de Instagram.

Con una intensidad y una chispita en los ojos que la hacen única, la señorita Pardo dijo a InSalta: “Yo llego a las 8.30 de la mañana, me pongo el delantal, y comienzo a decorar a full. Abro el local a las 11 y de ahí horario corrido hasta las 10 de la noche”.

El alquiler del local, la administración, la contabilidad, los costos y la compra de los insumos, no son tareas fáciles para una sola persona. “Por suerte ahora tengo gente que me ayuda, aunque reconozco que avanzar en eso fue un desafío porque no todos tienen la misma mano ni manejan el mismo ritmo de trabajo que yo, pero aprendí a delegar un poco”, agregó.

A la vanguardia de la pastelería, Anastacia asegura que ya no se usan más las tortas con bizcochuelo, por eso las suyas son con galletas o con bizcocho. Y con respecto a los insumos que necesita, contó a IN Salta que intentó ponerse en contacto con los proveedores y las marcas de chocolates pero nunca le contestaron por lo que optó por comprar en mayoristas, aunque sea caro igual.

Cheesecake de Nutella y Ferrero Rocher, Doble Oreo, Rogel, Brownie con frutillas, Lemon pie, Cabsha, Rogel, Tiramisú, Chocotorta y muchas otras más se pueden encontrar en Il Sapore, pero sin duda alguna, la que más se destaca por su nombre es la torta Elena. “A esa torta le puso así en honor a su bisabuela por parte de padre, porque es una torta suavecita y Anastacia siempre dijo que su abuela Tití la trataba así, con dulzura y suavidad”, contó su mamá Iris; y se emocionó al asociar que la inauguración del nuevo local de Ana, el 8 de mayo, coincidió con el cumpleaños de su bisabuela.

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