La visita de José Voytenco a Salta dejó bastante más que una agenda institucional. El secretario general de la UATRE pasó por la provincia como parte de una recorrida por el NOA, mantuvo reuniones con autoridades provinciales y aprovechó para poner sobre la mesa una serie de definiciones que apuntan de lleno al presente del trabajo rural, a la situación del productor y al rumbo general de la economía argentina.
El dirigente fue recibido por el vicegobernador, por funcionarios del área de Producción, Justicia y Trabajo, y avanzó en la firma de un convenio marco para fortalecer el vínculo entre el gremio y el Gobierno provincial. Según explicó, el objetivo es mejorar la llegada de información a los trabajadores, ampliar capacitaciones y coordinar tareas de fiscalización en distintas actividades agropecuarias que se desarrollan en Salta.
Pero el corazón de su mensaje estuvo en otro lado: la preocupación por el impacto de la nueva reglamentación laboral en el campo.
Voytenco sostuvo que uno de los cambios más delicados es la desaparición de la figura del trabajador permanente discontinuo, un esquema muy habitual en las economías regionales, donde muchos peones rurales pasan de una provincia a otra siguiendo distintas cosechas, pero manteniendo antigüedad con una misma empresa. Según explicó, con la nueva normativa esos trabajadores pasan a ser considerados temporarios, lo que en la práctica borra años de antigüedad acumulada.
Para el sindicalista, ese punto abre un escenario conflictivo tanto para los trabajadores como para los empleadores. Por un lado, porque considera que se le están quitando derechos adquiridos a personas que llevan años prestando tareas en una finca o empresa agropecuaria. Por otro, porque entiende que esa incertidumbre también puede complicar a los productores que necesitan mano de obra experimentada a la hora de levantar una cosecha.
En esa línea, advirtió que la nueva situación terminará inevitablemente en una ola de reclamos judiciales. Y remarcó que, en el medio, el gran perjudicado vuelve a ser el trabajador rural.
Otra de las críticas fuertes de Voytenco apuntó al funcionamiento del sistema de homologación salarial. Señaló que los acuerdos tardan demasiado en ser aprobados y que esa demora termina licuando cualquier mejora conseguida en paritarias. Puso como ejemplo el caso del estatuto del peón rural, cuyo acuerdo, según indicó, se cerró en marzo pero recién pudo ser homologado varios meses después, en un contexto inflacionario que terminó desdibujando el beneficio para los trabajadores.
El dirigente también dejó una de las frases más duras de su paso por Salta al describir el contraste entre el peso económico del campo y la situación social de muchos trabajadores rurales. Dijo que el agro es una de las principales industrias del país y una gran generadora de divisas, pero que esa bonanza no baja al bolsillo del peón. Según planteó, hoy hay trabajadores que siguen en negro, con salarios que no cubren ni la mitad de una canasta básica familiar.
A eso sumó un diagnóstico todavía más crudo surgido de las fiscalizaciones que viene realizando el gremio en distintas economías regionales: informalidad, trabajo infantil y hasta situaciones de explotación que, según afirmó, siguen apareciendo en distintas zonas productivas.
En ese marco, su mirada sobre el futuro de la economía argentina quedó atravesada por una idea bastante clara: no alcanza con que el campo produzca o genere dólares si no mejora al mismo tiempo la situación de quienes sostienen esa producción todos los días. Para Voytenco, el desafío no es solo defender la actividad agropecuaria, sino lograr que ese crecimiento tenga un correlato real en empleo registrado, mejores salarios y condiciones laborales dignas.
Con ese tono, entre institucional y combativo, el jefe de UATRE pasó por Salta dejando un mensaje directo: el campo puede seguir siendo motor de la economía, pero sin trabajadores protegidos, registrados y bien pagos, ese motor funciona cada vez con más ruido.