Caschy nació de una idea bastante simple, pero muy bien observada: si Salta crecía como destino turístico, también necesitaba una propuesta de souvenirs con más diseño, más identidad y bastante más gracia que la que se veía en las góndolas de siempre.
Así lo contó a IN Salta Gustavo Meoni, uno de los socios de la marca junto a Ricardo Avilés Martínez, quienes compartieron durante más de diez años una experiencia de vida en Europa. Cada vez que volvían a Salta, veían que el turismo avanzaba, pero que la oferta de objetos ligados al norte seguía demasiado repetida, industrial y apagada.
La comparación con ciudades como Barcelona o Santander, donde el souvenir turístico está mucho más trabajado desde el diseño y la identidad visual, terminó empujándolos a crear algo propio. Primero apareció la idea de intervenir termos, cuando todavía eran, en su mayoría, de bazar y bastante poco atractivos. Después llegó la decisión de crear personajes vinculados al norte argentino, con color, simpatía y una estética reconocible.
Ahí empezó a tomar forma el universo Caschy. Primero apareció el perro (Caschy, que dio nombre al emprendimiento), después la llama, luego otra llama más relajada, y más tarde se fueron sumando personajes como Narciso y Calixta. De a poco, la marca construyó una pequeña familia visual inspirada en la Puna, pensada para vivir en una gran variedad de productos y transmitir algo más que una imagen: una identidad.
El concepto funcionó. Y mucho. Caschy abrió su primer local el 1 de mayo de 2015 en la calle Buenos Aires, en Salta capital, y desde el primer día encontró una respuesta mejor de la esperada. A partir de ahí, la marca creció, abrió nuevos locales, empezó a recibir pedidos de otros puntos del país y se consolidó como una propuesta de diseño ligada al norte con una personalidad muy marcada.
El catálogo incluye decenas de productos, desde materos, termos, cuadernos y libretas hasta textiles, accesorios de invierno y objetos de uso cotidiano. La lógica siempre fue la misma: que quien entre al local encuentre algo que le guste, aunque no haya ido a buscarlo.
Pero después vino el golpe más duro. Primero la pandemia, que frenó de lleno el movimiento turístico. Luego, una recuperación fuerte impulsada por el regreso de los viajes y por herramientas como el PreViaje, que según Meoni permitió que mucha gente conociera Salta por primera vez. Y más tarde, el nuevo escenario económico, con caída del poder adquisitivo, menor consumo, menos turismo y costos que no dejaron de subir.
Ahí empezó otra etapa para Caschy. Porque mientras las ventas bajaban, la estructura seguía costando lo mismo o más. Alquileres, servicios, impuestos, salarios, insumos y logística siguieron presionando, al tiempo que el ticket promedio caía de manera muy marcada.
En ese contexto, la marca tuvo que hacer algo que muchos emprendimientos están haciendo: volverse más precisa, más cuidadosa y más eficiente. Y, sobre todo, empezar a mirar de otro modo la capacidad instalada que ya tenía.
De la mano de la Cámara Pyme, que organizó un evento enfocado en la reconversión de empresas, Caschy identificó que la respuesta a la crisis era diversificar. En lugar de depender exclusivamente del turismo, la firma comenzó a utilizar su estructura de diseño, sublimación, textil y personalización para abrirse a nuevos trabajos vinculados al merchandising y a productos a medida para terceros.
Así empezaron a aparecer nuevas posibilidades: artículos para clubes, productos para equipos deportivos, objetos personalizados para empresas, regalos corporativos y piezas con identidad propia para marcas que quieren trabajar su sentido de pertenencia a través del diseño.
Según Meoni, si una empresa quiere que sus equipos tomen mate con objetos que reflejen su identidad, si un club quiere desarrollar productos para sus hinchas, o si una organización necesita regalos con marca propia, Caschy tiene hoy la capacidad de resolverlo.
Ese viraje no implica abandonar la esencia de la marca, sino aprovechar lo que ya sabe hacer para ponerlo al servicio de otros proyectos. En otras palabras, convertir una crisis en una excusa para abrir un frente nuevo de trabajo. Si el turismo dejó de ser por ahora el único gran motor, el diseño puede seguir vivo por otras vías. Y ahí Caschy encontró una salida posible, apoyada en algo que viene construyendo desde hace años: una mirada visual fuerte, capacidad de producción propia y una sensibilidad especial para transformar objetos comunes en algo con identidad.
Mientras espera tiempos mejores para el turismo, la marca salteña decidió no quedarse quieta. Y en vez de achicarse hacia adentro, eligió ensanchar su campo de juego.