El consumo en Salta volvió a dar una señal clara de debilidad en el arranque de 2026. De acuerdo a un informe elaborado por el CEPA (Centro de Estudios de Política Económica) Salta difundidos el pasado viernes, las ventas en supermercados acumuladas a marzo registraron una caída real de 5,8% frente al mismo período de 2025, pero el dato se vuelve todavía más fuerte cuando se amplía la comparación: el retroceso llega a 22,5% frente a 2023 y a 19,3% respecto de 2022.
La contracción implicó $36.074 millones menos de facturación en el primer trimestre de este año en comparación con igual período de 2023, medido a precios de marzo de 2026. En otras palabras, el canal formal de grandes cadenas sigue mostrando que el consumo salteño no consigue volver a los niveles previos al ajuste.
La caída también se sintió en el mes de marzo tomado de manera puntual. Allí, el promedio anual móvil de las ventas en supermercados mostró una baja de 0,8% contra el mes previo y un deterioro de 4% frente a marzo de 2025. Si la comparación se hace con marzo de 2023, el desplome alcanza 19,7%. En valores constantes, eso significó $4.460 millones menos que un año atrás y $10.608 millones menos que hace dos años.
El golpe no fue uniforme en todos los rubros. Entre los alimentos, las bebidas mostraron una de las peores caídas, con un retroceso de 12,7% interanual y de 35,7% frente a 2023. También bajó fuerte la rotisería, con una caída de 12,3% contra 2025 y de 24,9% frente a 2023. Las carnes cayeron 6,9% interanual y los productos de almacén retrocedieron 0,4% frente al año pasado, acumulando además una merma de 14,7% respecto de 2023.
Hubo, de todos modos, algunos nichos que lograron mostrar mejor desempeño. Verdulería y frutería crecieron 1,7% frente a 2025 y quedaron 22,7% por encima de 2023. Panadería cayó 1,3% interanual, pero todavía se mantiene arriba del nivel de hace dos años. Indumentaria y calzado también registraron un leve avance de 0,4% contra el año pasado y superaron a 2023, aunque siguen lejos de los valores de 2022. En el extremo opuesto, electrónicos y artículos para el hogar fueron los más golpeados, con una caída de 13,8% interanual y un derrumbe superior al 53% frente a 2023.
Detrás de ese freno del consumo aparece una relación cada vez más evidente con la evolución de los ingresos. El informe muestra que entre noviembre de 2023 y septiembre de 2024 los trabajadores registrados de Salta perdieron 3,9% de poder adquisitivo si se toma como referencia la medición oficial del IPC. Luego hubo una recuperación parcial, pero el escenario cambia bastante cuando el análisis se hace con una inflación actualizada según la canasta ENGHo 2017-2018, más cercana a la estructura actual de consumo de los hogares.
Con esa medición, los salarios no muestran recuperación, sino una caída acumulada de 5,6% real hasta diciembre de 2025. Y es justamente esa serie la que exhibe una relación más fuerte con la evolución de las ventas en supermercados. Desde noviembre de 2023 hasta diciembre de 2025, el consumo en grandes superficies cayó 18,3%, en una dinámica que muestra hasta qué punto el deterioro del ingreso impactó sobre las decisiones de compra.
La pérdida de poder de compra también se vuelve más tangible cuando se la lleva al ingreso de cada trabajador. Según el relevamiento, entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 cada asalariado registrado del sector privado de Salta resignó, en términos reales, alrededor de $50.401 si se usa el IPC actual del INDEC. Pero si el cálculo se hace con la canasta ENGHo 2017-2018, la pérdida escala a $2.480.885 por trabajador.
En términos agregados, para los 120.056 trabajadores registrados del sector privado en la provincia, esa caída equivale a una pérdida de masa salarial de entre $6.050 millones y $297.845 millones, según el índice que se tome. En paralelo, la baja acumulada en ventas de supermercados entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 alcanzó $152.445 millones a precios de diciembre del año pasado.
El cuadro que deja el informe es bastante contundente: el consumo formal sigue resentido, la recuperación salarial todavía no alcanza para recomponer el bolsillo y la distancia respecto de los niveles de 2022 y 2023 sigue siendo amplia. En una provincia donde la actividad comercial depende en buena medida del movimiento del ingreso asalariado, esa combinación empieza a pesar cada vez más sobre la economía cotidiana.