Los empresarios salteños imaginaron una provincia unida, competitiva y llena de oportunidades en el Plan Salta 2050

Referentes de la industria, el comercio, el campo, la minería y las pymes participaron del lanzamiento del proceso para diseñar el Plan Salta 2050 y dejaron una idea común: Salta tiene potencial para dar un gran salto.

El lanzamiento del Plan de Desarrollo Estratégico Salta 2050 abrió una escena poco habitual, pero muy valiosa: la de los principales referentes empresarios de la provincia sentados en una misma mesa para discutir no el próximo trimestre, sino la Salta de los próximos 25 años. Y lo que dejaron, más allá de los matices sectoriales, fue una mirada bastante coincidente: la provincia tiene una oportunidad histórica, pero para aprovecharla necesita visión de largo plazo, unidad y reglas claras.

En la apertura de la jornada, el gobernador Gustavo Sáenz planteó que el plan debe ser “nuestro contrato social” y “la hoja de ruta para una Salta integrada, previsible y líder en el contexto regional”. También subrayó que no puede ser la mirada de un gobierno, de un partido o de un sector, sino una verdadera política de Estado construida con diálogo, consensos y participación amplia. En esa línea, sostuvo que la agenda de Salta 2050 tiene que poner por delante el futuro de la provincia y el bienestar de su gente.

Sobre esa base se montó después el panel de Desarrollo Económico y Productivo, en el que participaron Eduardo Gómez Naar, presidente de la Unión Industrial de Salta; Gustavo Herrera, titular de la Cámara de Comercio e Industria de Salta; Alfredo Figueroa, Presidente de la Sociedad Rural Salteña; Juan Martín Gilly, titular de la Cámara de Minería, y Miriam Guzmán, tesorera de la Cámara Pyme de Salta; quienes dejaron diagnósticos, advertencias y también una serie de palabras que, para ellos, deberían definir a Salta en 2050.

Desde la Sociedad Rural Salteña, Alfredo Figueroa eligió la palabra “progreso”. Su planteo estuvo atravesado por una idea que viene repitiéndose en campo salteño: Salta no puede seguir dejando salir en bruto buena parte de lo que produce. Para él, la gran oportunidad del mediano y largo plazo pasa por empezar a industrializar más, aprovechar la diversidad productiva que da la provincia y sumar valor a lo que hoy sale “en bolsa” o sin mayor transformación. También puso sobre la mesa una ventana concreta vinculada al bioetanol y a la posibilidad de encadenarlo con la agroindustria y la ganadería.

Desde la Unión Industrial de Salta, Eduardo Gómez Naar, imaginó una Salta “potente”, pero aclaró que a esa idea hay que agregarle “unión”. Su intervención se apoyó mucho en la necesidad de mirar estratégicamente qué puede aportar cada rincón de la provincia. Habló de una “ventana de oportunidades” que hoy ya está abierta, de la necesidad de más infraestructura, mejores rutas y más integración territorial, y remarcó que no hay competencia entre lo público y lo privado: hay, dijo, un trabajo en equipo indispensable para que las familias del interior puedan desarrollarse.

La mirada pyme llegó de la mano de Miriam Guzmán, que eligió una dupla: “reconversión” e “innovación”. Su planteo fue directo: el que no innova, muere. Pero enseguida aclaró que reconvertirse no significa cambiar de rubro, sino aprender a adaptarse, revisar horarios, formatos de venta, procesos y formas de producir según lo que hoy demanda la sociedad. También dejó una definición de peso para el largo plazo: las pymes, dijo, seguirán siendo las grandes generadoras de empleo y de cambio, siempre que puedan profesionalizarse, generar redes, agregar valor y encontrar una educación que forme a los jóvenes para la matriz productiva que Salta realmente necesita.

Desde la Cámara de Minería, Juan Martín Gilly eligió “tierra de oportunidades”. Su intervención estuvo muy ligada a la lógica de una actividad que, por definición, vive en plazos largos. Insistió en que la minería necesita seguridad jurídica, reglas claras e infraestructura para sostener inversiones de riesgo que se planifican a 20 o 25 años. Pero además dejó otra idea fuerte: la minería no debería pensarse aislada, sino integrada con turismo, proveedores, capacitación y desarrollo local. Para él, el gran desafío es que las oportunidades bajen a toda la cadena de valor y lleguen efectivamente a más salteños.

En representación de la Cámara de Comercio e Industria de Salta, Gustavo Herrera eligió una palabra muy propia de su sector: “competitiva”. Pero no se quedó ahí. Dijo que Salta tiene que ser tan competitiva “que enamore” y planteó que el comercio del futuro será cada vez más digitalizado y regionalizado, aunque sin perder su base humana y familiar. En su exposición remarcó que el comercio no pide privilegios, sino condiciones para trabajar: infraestructura, financiamiento, reducción de costos no salariales y una provincia que pueda administrar mejor sus propios recursos para no depender siempre de Nación. También insistió en que el plan debe servir para que todos dejen de ser espectadores y se conviertan en actores de esa transformación.

Más allá de las palabras elegidas, hubo un consenso bastante marcado en casi todas las intervenciones: Salta necesita salir de la coyuntura y empezar a pensarse en serio a mediano y largo plazo. Eso incluyó reclamos repetidos sobre rutas, trenes, energía, conectividad, educación y capacitación técnica. También apareció con fuerza la idea de que la provincia no tiene que resignarse a ser solo proveedora de materias primas, sino que puede aspirar a una economía más integrada, con más valor agregado y más desarrollo territorial.

El tono general del panel fue optimista, pero no ingenuo. Nadie ocultó los problemas actuales, desde la presión tributaria y los costos logísticos hasta las dificultades de competitividad. Sin embargo, todos coincidieron en que la provincia tiene activos concretos para proyectarse de otra manera: minería, agroindustria, ganadería, comercio, pymes y una ubicación geográfica que, bien aprovechada, podría convertirla en un nodo estratégico del norte argentino.

En ese sentido, el lanzamiento del Plan Salta 2050 dejó algo más que una foto institucional. Dejó una señal de época: en un momento donde la coyuntura suele comerse todo, una parte importante del empresariado salteño decidió sentarse a discutir qué provincia quiere construir y con qué palabra le gustaría definirla dentro de 25 años.