El comercio salteño atraviesa un escenario delicado: Cada vez hay menos empleadores registrados, se perdieron puestos de trabajo y, al mismo tiempo, las empresas continúan operando bajo una estructura tributaria difícil de sostener.
El diagnóstico surge de un relevamiento elaborado por el Observatorio Económico de la Cámara de Comercio e Industria de Salta, que puso en relación la evolución reciente del empleo con el peso de los impuestos que recaen sobre la actividad.
Entre agosto de 2024 y abril de 2026, la cantidad de trabajadores registrados en la provincia cayó un 2,9%, lo que representa 7.391 puestos menos. El empleo había alcanzado un máximo de 254.876 trabajadores en noviembre de 2024 y luego descendió hasta un piso de 244.022 en agosto de 2025. La recuperación posterior fue parcial y no alcanzó a compensar la pérdida acumulada.
La cantidad de empleadores siguió una trayectoria similar. En la misma ventana se redujo un 1,2%, con 107 casos menos. El máximo fue de 8.968 empleadores en noviembre de 2024 y el piso llegó a 8.544 en septiembre de 2025.
Para el sector empresario, estos números se inscriben en un contexto donde sostener un comercio implica absorber una pesada carga tributaria antes de cubrir otros costos esenciales como salarios, alquileres, servicios, logística, reposición de mercadería y financiamiento.
En la ciudad de Salta conviven 77 tributos correspondientes a los tres niveles del Estado: 40 nacionales, 11 provinciales y 26 municipales, según el Mapa Tributario 2026 del Instituto Argentino de Análisis Fiscal citado por el informe.
No todos tienen el mismo peso recaudatorio. Apenas seis concentran aproximadamente el 85% de la recaudación: IVA, Seguridad Social, Ganancias, Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque y TISSH.
Eso significa que un comercio debe afrontar, entre otros, el IVA; el Impuesto a las Ganancias; los aportes y contribuciones vinculados con la Seguridad Social; el Impuesto sobre los Créditos y Débitos Bancarios (todos nacionales); Ingresos Brutos (provincial); y la Tasa de Inspección de Seguridad, Salubridad e Higiene (municipal).
A esa carga económica se suma el costo administrativo de cumplir con decenas de obligaciones diferentes, aun cuando muchas de ellas tengan una incidencia recaudatoria reducida. Por eso, desde la Cámara el planteo no se limita a pedir menores alícuotas: también apunta a simplificar el sistema y reducir superposiciones.
El informe no establece una relación causal directa entre la presión tributaria y cada puesto de trabajo o empresa perdida. Sí muestra que ambos procesos conviven: mientras disminuye la base de empleadores y trabajadores registrados, la estructura fiscal continúa ejerciendo presión sobre la actividad.
Provincia y municipios: hasta 8,5% de las ventas antes de sumar impuestos nacionales
Dentro de esa carga general, el Observatorio puso especial atención sobre dos tributos que impactan directamente sobre la facturación: Ingresos Brutos, de jurisdicción provincial, y la TISSH, que aplican los municipios.
Tomando al comercio minorista como caso testigo, en Salta Capital la TISSH alcanza el 2% sobre las ventas y se suma a una alícuota de Ingresos Brutos del 5%, o del 4% para los contribuyentes alcanzados por la Ley 8469 hasta diciembre de 2026. Así, solo esos dos conceptos pueden representar hasta el 7% de la facturación.
En algunos municipios del norte provincial, la suma puede llegar al 8,5%. Y ese porcentaje corresponde únicamente a cargas provinciales y municipales: todavía deben agregarse los principales impuestos nacionales.
La presión tampoco es uniforme dentro de Salta. Mientras la TISSH de referencia ronda el 2% en el Valle de Lerma y el centro-sur, en el norte y el Chaco salteño se ubica alrededor del 2,7% al 2,8%.
Para la Cámara, existe además un problema de superposición: Ingresos Brutos y TISSH son cobrados por dos niveles diferentes del Estado, pero ambos toman como referencia los ingresos del comercio.
A esto se suma la evolución de la Unidad Tributaria municipal de Salta Capital, que pasó de $84 en 2023 a $811 en julio de 2026. El incremento acumulado fue del 871% y su valor se multiplicó 9,7 veces.
El dato resulta particularmente sensible porque los mínimos de la TISSH están expresados en unidades tributarias. Así, cuando aumenta la UT también sube automáticamente el piso que debe pagar un comercio, aunque sus ventas no hayan crecido al mismo ritmo o directamente estén cayendo.