Miguel Siares: “La Pachamama nos enseña que producir también es cuidar la tierra”

La ceremonia ancestral recuerda que producir no es solo generar riqueza, sino hacerlo respetando el agua, el suelo y los ciclos de la naturaleza. Una mirada que hoy dialoga con los desafíos del desarrollo sustentable.

Miguel Siares es uno de los principales referentes de las comunidades kollas de la Puna salteña y una de las figuras más representativas de la Fiesta Nacional de la Pachamama de los Pueblos Andinos, que cada agosto reúne a miles de personas en San Antonio de los Cobres. Cacique de la Comunidad Collas Unidos y ex presidente y vocal del Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta (IPPIS), desde hace más de dos décadas encabeza la ceremonia central del convite a la Madre Tierra.

Durante el ritual dirige las plegarias en quechua e invita a agradecer, pedir perdón por el daño ocasionado a la naturaleza y renovar el compromiso de cuidar aquello que hace posible la vida. Entre las expresiones que acompañan la ceremonia resuena el tradicional "Pachamama, Kusilla Kusilla", una invocación que pide la benevolencia y protección de la Madre Tierra.

Para Siares, la relación con la Pachamama va mucho más allá de un rito que se celebra cada 1° de agosto. Es una forma de entender la vida y de producir en armonía con el entorno.

"Mi abuelo decía que ellos conversaban con la Pachita y que la Pachita también les respondía. Con el tiempo entendí que eso sucede cuando uno le habla con el corazón, con amor, con sentimiento y con respeto. Ahí uno siente ese latido y se da cuenta de que está en contacto con la Pachamama", expresa.

En la cosmovisión andina, la Madre Tierra no solo recibe las ofrendas: también brinda alimento, agua y las condiciones para el trabajo y la producción. Por eso, el agradecimiento está íntimamente ligado al compromiso de cuidar los recursos naturales.

"Cuando hay buena producción en los Andes es porque la Pachamama está contenta. A ella le gusta que la gente cree, que trabaje y que valore lo que brinda la tierra", sostiene.

Ese concepto adquiere hoy una nueva dimensión frente a los desafíos del desarrollo sustentable. Para las comunidades de la Puna, producir no significa únicamente generar riqueza, sino hacerlo respetando los ciclos naturales y preservando los bienes comunes.

En ese sentido, Siares remarca que uno de los principales pedidos durante la ceremonia está relacionado con el cuidado del agua y del territorio.

"Lo que pedimos es agua. Queremos que no haya contaminación. Tenemos un solo pensamiento y una sola lucha: defender el territorio y el agua", afirma.

El mensaje conecta una tradición ancestral con un desafío profundamente actual: encontrar un equilibrio entre el desarrollo productivo y la protección del ambiente. En una provincia donde la minería y otras actividades económicas ocupan un lugar central, la ceremonia de la Pachamama recuerda que el verdadero progreso solo es posible cuando se construye con respeto por la tierra que lo hace posible.

Aunque el homenaje más visible se realiza cada agosto, Siares asegura que el vínculo con la Madre Tierra se cultiva todos los días.

"Nosotros le hacemos este homenaje una vez al año, pero lo hacemos de corazón, con todo el respeto que merece la Madre Tierra, porque es ella quien nos da la vida."

Así, la celebración deja de ser únicamente una expresión cultural para convertirse en un mensaje vigente sobre producción sustentable, responsabilidad ambiental y el valor de preservar el territorio para las futuras generaciones.