La economía argentina logró avanzar en la estabilización macroeconómica, pero todavía tiene pendiente la parte más difícil: transformar ese orden en inversión, actividad y empleo.
Ese fue uno de los principales mensajes que dejó el economista Diego Coatz durante la conferencia que brindó el viernes 30 de octubre en la Cámara de Comercio e Industria de Salta, como cierre del ciclo “Claves y Perspectivas para la economía 2027”, organizado por los 120 años de la institución.
El analista planteó que el país consiguió mejorar variables que durante años condicionaron cualquier posibilidad de crecimiento, entre ellas el equilibrio fiscal, la balanza energética y la capacidad exportadora. Sin embargo, advirtió que “falta la otra mitad”: lograr que la estabilidad se traduzca en inversión productiva, financiamiento, infraestructura y creación de empleo formal.
China, inteligencia artificial y un mundo mucho más competitivo
Coatz comenzó su exposición mirando fuera de Argentina. Según explicó, dos grandes fuerzas están redefiniendo la economía global: el peso creciente de China y la aceleración tecnológica, particularmente la inteligencia artificial.
Recordó que hace apenas 25 años China tenía una participación muy menor en el comercio latinoamericano y hoy domina o disputa posiciones en buena parte de las cadenas industriales y tecnológicas del planeta.
Pero muchas compañías chinas operan con financiamiento subsidiado, respaldo estatal y políticas industriales agresivas, lo que obliga a países como Argentina a repensar cómo defender empleo, producción e inversión sin quedar afuera de las nuevas cadenas globales.
Sobre la inteligencia artificial, Coatz destacó la velocidad con la que está modificando procesos, comercio, industria y servicios, y planteó que las empresas que no incorporen productividad y herramientas digitales enfrentarán una competencia cada vez más intensa.
Exportaciones y energía, entre las señales positivas
En ese escenario complejo, el economista identificó algunas fortalezas argentinas.
Una de ellas es el sector energético. La reversión del déficit de energía de años anteriores y el crecimiento de la producción local permitieron reducir importaciones y mejorar la balanza comercial. También destacó el comportamiento de las exportaciones y la disponibilidad de recursos naturales, desde energía y minería hasta alimentos.
Para provincias como Salta, ese nuevo mapa puede generar oportunidades particulares. Coatz señaló que minería y las actividades vinculadas con recursos naturales aparecen entre los pocos sectores que vienen mostrando crecimiento, en contraste con buena parte de las ramas ligadas al mercado interno.
Esa diferencia abre una pregunta especialmente relevante para la provincia, que debe lograr que el crecimiento minero no quede concentrado en los grandes proyectos, sino que se derrame hacia proveedores, industria, servicios y empleo local.
El otro lado: empresas que cierran y empleo formal que cae
La contracara del escenario aparece en el tejido empresario. Coatz mostró datos sobre destrucción de empleo privado formal y cierre de empresas, un fenómeno que afecta especialmente a comercio, industria y construcción.
También advirtió por el crecimiento de la informalidad laboral, que ya alcanza niveles muy elevados y funciona como una válvula de escape frente a la pérdida de puestos registrados.
En Salta, explicó, la situación presenta algunas diferencias por el dinamismo de sectores como minería, pero eso no alcanza para compensar completamente la debilidad de otras actividades.
El economista describió además un “efecto sándwich” para muchas empresas: costos que suben, demanda que no permite trasladarlos completamente a precios y dificultades crecientes para financiar capital de trabajo.
A eso se suman tasas elevadas, mora empresarial y menor disponibilidad de crédito.
Para crecer, harán falta varias agendas al mismo tiempo
Una de las conclusiones centrales de Coatz fue que no existe una única medida capaz de resolver el problema. El país necesita trabajar simultáneamente sobre financiamiento, crédito, garantías, presión tributaria, logística, transporte, energía e infraestructura.
También consideró necesaria una agenda laboral que facilite la formalización y reduzca incentivos a permanecer fuera del sistema registrado.
En materia de infraestructura, planteó que el sector privado puede asumir una parte importante de las inversiones, pero que el Estado seguirá teniendo un papel en obras estratégicas, servicios básicos y proyectos que requieren financiamiento de organismos internacionales.
Salta y el desafío de armar cadenas locales
Para el empresariado salteño, una de las definiciones más interesantes apareció cuando Coatz habló de proveedores.
La oportunidad, sostuvo, no pasa solamente por atraer inversiones mineras, energéticas o agroindustriales, sino por lograr que las empresas locales puedan integrarse a esas cadenas y dejar de depender de proveedores radicados en otras regiones. Eso requiere escala, capacitación, financiamiento, tecnología y condiciones competitivas.
En ese punto, Salta cuenta con una ventaja evidente: tiene minería en expansión, energía, producción agropecuaria, turismo y una ubicación estratégica dentro del Norte argentino. El desafío es conectar esas piezas.
Una mirada hacia 2027
Coatz planteó que los próximos dos años podrían parecerse más a una etapa de transición que a un boom inmediato. La estabilización, sostuvo, es necesaria, pero no suficiente. Sin recuperación de la inversión y del crédito, el crecimiento será limitado.
Aun así, cerró con una mirada optimista. Según dijo, Argentina conserva activos importantes: recursos naturales, capacidad empresarial, capital humano, infraestructura productiva existente y sectores con potencial exportador.
El interrogante para 2027 será si el país logra transformar esas ventajas en una nueva etapa de crecimiento más amplia.