Balma es el resultado de una vida dedicada al oficio gastronómico. Las hermanas Gabriela y Virginia Storni crecieron en una familia que, durante casi tres décadas, hizo de la frescura y la calidad artesanal su estándar innegociable. Esta herencia fue el cimiento sobre el cual, en 2017, debieron enfrentar un cambio de rumbo inesperado: el hijo de una de ellas fue diagnosticado con diabetes tipo 1 y, poco después, con intolerancia al gluten.
Esta realidad impulsó un aprendizaje profundo. Las hermanas debieron reaprender a alimentarse, adaptar sus encuentros y asimilar que "somos lo que comemos". En ese proceso, la angustia se transformó en un propósito claro: crear un espacio donde las restricciones no impliquen renunciar al placer. Así, consolidaron una propuesta de cocina consciente que hoy se traduce en una carta extensa y cuidadosamente equilibrada. La oferta incluye opciones tradicionales y alternativas sin gluten, donde cobran protagonismo ingredientes nobles como harinas de almendras, coco y otras semillas, pensadas para ofrecer texturas y sabores de excelencia que se adaptan a las necesidades de cada comensal.
Para profesionalizar este sueño, el proyecto sumó aliados estratégicos. El Estudio Cantón, liderado por la arquitecta Jimena Morales, diseñó el espacio físico interpretando fielmente la esencia de la marca. Asimismo, la estructura de trabajo se fortaleció con cocineros especializados y el soporte técnico de Carolina Leone, nutricionista que garantiza los más altos estándares de seguridad alimentaria.
En los próximos días, Balma abrirá sus puertas en San Lorenzo Chico (Ciudad Oeste, manzana 5 - lote 2), presentándose como el reflejo de un grupo humano que no improvisa. Se trata de una organización que busca dar respuestas integrales mediante el cuidado de cada detalle, logrando una propuesta técnica de excelencia con la calidez de un hogar.