La pavimentación de la Ruta Nacional 51 continúa avanzando en dos sectores especialmente importantes para la conectividad de la Puna salteña.
Los trabajos se concentran en las secciones II y III, donde Vialidad Nacional ejecuta nuevas trazas, movimientos de suelo, obras de drenaje y preparación de calzada con el objetivo de mejorar las condiciones para el tránsito pesado y reducir las limitaciones que hoy presenta el camino.
En la Sección II, entre Mina Poma y Alto Chorrillos, las obras abarcan un tramo de 18 kilómetros atravesado por fuertes pendientes y curvas cerradas.
Las tareas iniciales incluyen limpieza y acondicionamiento del terreno, excavaciones, conformación de terraplenes, movimientos de suelo y ejecución de alcantarillas y drenajes.
Se trata de trabajos previos a la construcción de la estructura de pavimento, pero resultan centrales para corregir una geometría que históricamente complicó la circulación de camiones y vehículos de gran porte.
La nueva traza permitirá mejorar pendientes y radios de giro, dos aspectos directamente vinculados con la seguridad y la eficiencia logística.
En paralelo, uno de los frentes más importantes se desarrolla en la Sección III, entre Alto Chorrillos y Campo Amarillo, a unos 31 kilómetros de San Antonio de los Cobres.
Allí se construye una nueva traza de aproximadamente 15 kilómetros que reemplazará al actual camino enripiado.
El proyecto contempla curvas más amplias, pendientes más suaves, nuevas alcantarillas y una calzada pavimentada de 6,80 metros de ancho, con banquinas a ambos lados.
La mejora apunta a convertir ese tramo en una vía más apta para tránsito pesado, en una zona de montaña donde las condiciones actuales representan una restricción para el transporte de cargas.
Para la minería, el avance de la Ruta 51 tiene un peso especial.
El corredor conecta Salta con el Paso de Sico y atraviesa una región en la que crecen los requerimientos de transporte vinculados con proyectos de litio, cobre y otros minerales.
Una ruta con mejores pendientes, curvas más amplias y pavimento continuo puede traducirse en menos tiempos de viaje, menores costos logísticos y mejores condiciones para la circulación de camiones y bitrenes en los sectores habilitados para ese tipo de transporte.
Las obras también tienen impacto directo sobre las localidades de la Puna, al mejorar la conexión cotidiana y reforzar un corredor que funciona como salida natural hacia Chile y los puertos del Pacífico.
Con los avances en las secciones II y III, la Ruta 51 continúa así su transformación en una infraestructura cada vez más estratégica para la producción, la minería y la integración internacional de Salta.