Artes Gráficas Crivelli, tres generaciones dedicadas a la impresión de calidad

Desde 1965, los Crivelli trabajan transversalmente brindando servicios de impresión tanto a clientes particulares como a grandes empresas de Salta y Tucumán. La calidez de su atención y las buenas prácticas comerciales, les han permitido posicionarse como uno de los talleres más prestigiosos del norte de nuestro país.

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Esta historia comienza en Bérgamo, una ciudad italiana que queda a mitad de camino entre Milán y Los Alpes. Allí, don Giuseppe Crivelli se desempeñaba como impresor en un establecimiento gráfico muy grande llamado “Arti Grafiche” en el que también trabajaba su segundo hijo, Gian Paolo

Ambos abrazaron ese oficio durante algunos años hasta que después de la guerra, en 1948, salió un decreto a partir del cual ninguna familia podía tener más de un miembro trabajando en el mismo lugar. Debido a esa nueva reglamentación, Gian Paolo decidió viajar a Suiza a probar suerte pero como no se adaptó al ambiente de trabajo de las imprentas, volvió a Bérgamo para planificar su destino.

Al poco tiempo, el joven Crivelli se instaló en París y además de adquirir experiencia como impresor en los establecimientos gráficos parisinos, construyó vínculos sociales que serían trascendentales para su vida. Su amistad con Monseñor Roncali -quien más adelante sería Juan XXIII- fue su boleto de entrada a América. 

Cuando Gian Paolo tomó la decisión de emigrar, mandó la solicitud de ingreso a Canadá y Argentina. El permiso para viajar a América del Sur salió más rápido y a partir de ese momento, todo fue cuestión de suerte. 

Después de las gestiones de Monseñor Roncali en el consulado, el joven impresor llegó a Buenos Aires y fue recibido en el Colegio Salesiano. Allí se encontró con un cura que le propuso venir a Salta para enseñar impresión en la Escuela de Artes y Oficios de la institución salesiana. Gian Paolo no dudó en aceptar ese ofrecimiento y apenas se acomodó en el colegio, se sintió como en casa porque además de trabajar con profesionales vinculados a la impresión, comenzó a vincularse con una gran comunidad de italianos que le sirvieron de sostén y compañía. 

Su espíritu emprendedor no tardó en salir a la luz. Luego de varios años como profesor, abrió una pequeña imprenta que creció a pasos agigantados en una época  de oro para la Argentina. De repente, la empresa que estaba ubicada sobre la calle 10 de Octubre, se extendió a toda la manzana que ocupa actualmente. 

Mientras su pyme estaba en pleno auge, el inquieto Gian Paolo Crivelli fue designadovicecónsul de Italia en Salta, función que ejerció ad honorem, con todo el amor que le inspiraba hacerlo, hasta los 70 años. Debido a sus múltiples responsabilidades, delegó algunas tareas en sus hijos, principalmente en Silvana y Franco, que son los que llevan adelante Artes Gráficas Crivelli hoy en día. 

Delegar y potenciar el crecimiento

“La imprenta siempre fue nuestra casa, literalmente. Empezamos a trabajar acá cuando mi papá fue nombrado vicecónsul de Italia en Salta. Él sabía que no podía con todo, por eso inteligentemente comenzó a delegar tareas en nosotros. Pasó el tiempo, pasaron las crisis y la empresa siguió funcionando siempre. Tratamos de mantener nuestra calidad y la atención al cliente desde los tiempos de mi papá y hemos logrado ser el taller de impresión con más prestigio en el norte”, dijo Silvana Crivelli en una entrevista con IN Salta.

Durante muchos años, Artes Gráficas Crivelli tuvo a su cargo la impresión de los cheques de todos los pequeños bancos de Salta, Jujuy y Tucumán. También hubo un tiempo en el que se ocuparon de imprimir las loterías y tómbolas que se jugaban en todo el norte ¡y ni hablar de los formularios continuos de las impresoras matriciales! En la empresa había miles y miles.

Poco a poco, la imprenta fue creciendo en tecnología y automatización de los procesos. Los Crivelli supieron identificar las demandas del nuevo mercado y adaptar sus productos y servicios a las mismas, a tal punto que hoy tienen un sector específico con tres máquinas digitales que les dan muy buenos resultados, a pesar de la crisis económica. 

“Me animo a decir que esta crisis está siendo la más difícil que nos tocó a travesar. Lo que la agrava es que también hay una crisis profunda de la industria gráfica, entonces hay una gran merma de producción, no tenemos mucho trabajo. En otras crisis como la del 2001, estuvimos una semana sin bancos pero nosotros seguíamos trabajando, ahora está todo estancado. Además, nos encontró muy sobredimensionados de personal en la empresa, con un costo de estructura enorme y con impuestos que nos matan”, dijo Franco Crivelli a IN Salta.

A pesar de estas desventuras, Artes Gráficas Crivelli mantiene el mismo espíritu que la caracterizó desde los tiempos de Gian Paolo. Sus clientes siguen eligiéndolos por la calidad del trabajo y las buenas prácticas comerciales. Desde aquellos que quieren imprimir sus tarjetas personales, sus tesis o recuerdos, hasta grandes empresas de renombre en nuestra provincia y en Tucumán, los contratan por su transparencia, calidez y buen trato. 

Nuevas perspectivas

“Hoy en día los métodos de trabajo son distintos y hay muchas nuevas profesiones, por eso no está en nuestros planes obligar a nuestros hijos a cumplir un mandato, a que se hagan cargo de nuestra empresa porque eso podría ser un ancla para sus espíritus. Si el día de mañana deciden estar acá, buenísimo, y sino planeamos qué hacer”, afirmó Silvana.

La tercera generación de esta familia todavía está en una etapa de formación, estudio y perfeccionamiento, salvo Ana Figueroa Crivelli -hija de Viviana, la hermana mayor de Silvana y Franco- que se recibió de contadora y hoy forma parte del directorio de la empresa y ejerce sus funciones desde Tucumán donde Artes Gráficas Crivelli tiene una sucursal. Su hermana Daniela, también trabaja con ella.

“Creo que subsistimos porque alcanzamos un equilibrio y tenemos armonía como familia. Hicimos cursos, nos capacitamos y aunque no tenemos un protocolo de acciones y funciones en lo formal, pero está implícito”, dijo Franco.

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