Te nombraron jefe… ¿y ahora qué hacés?

(Por Mg. Lic. Stefanella Russo Maenza) Resulta muy común que las organizaciones cuenten con personas capacitadas y especialistas en algún tema específico y técnico, o un área en particular. Son aquellas que tienen un conocimiento profundo sobre teorías, procesos y funcionamientos.
 

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Son ellas las que, desde el momento que ingresan a trabajar, buscan aprender constantemente, capacitarse y escalar posiciones en la estructura de la organización.

Son excelentes técnicos y aprenden rápido. Es por ello que, por lo general, logran ocupar posiciones de jefaturas, debido a lo que saben y su destacado desempeño.

 Aquí es donde empiezan los problemas… la pregunta es ¿Tenemos personas capacitadas en lo específico o técnico que también sean capaces de liderar y conducir un equipo de trabajo? ¿Dominan estas competencias tan necesarias?

El error radica en creer que un excelente técnico será inevitablemente un buen directivo.

Por lo general, no se tiene en cuenta que dirigir un grupo de personas requiere del desarrollo de habilidades blandas tales como el Liderazgo, la Comunicación, el Trabajo en Equipo, la Motivación, entre otras. Implica un trabajo interior profundo que permita auto-conocernos y gestionar las emociones y estilos de conducción.

Son los jefes los responsables de formarse en estos temas ya que hoy las exigencias y demandas de las personas que tenemos a cargo son cada vez mayores. Buscan líderes que inspiren, que guíen, que sepan lo que hacen.

Sabemos que un buen clima de trabajo eleva la productividad y puede llegar a marcar la diferencia entre organizaciones. Sabemos también que las personas valoran las cuestiones intangibles tales como los niveles de confianza, el buen trato, la felicidad que les provoca su tarea, la cultura organizacional, etc.

Es importante que un jefe comprenda que observando cómo trabaja su equipo, se reflejará la manera en que lidera.

Debemos preguntarnos si operamos en entornos de confianza, ya que son los que marcan un punto de partida importante para una gestión eficiente.

Tenemos que tomar conciencia que hoy gestionar equipos es gestionar diversidad, y que debemos formarnos en el desarrollo de estas habilidades.

Debemos conocer profundamente lo que dirigimos y tomar conciencia que no importan tanto las responsabilidades laborales o las obsesiones con el trabajo si no hay conexiones humanas. En definitiva, esto es lo que traerá resultados positivos en los procesos finales.

Resulta  importante tener en cuenta los siguientes aspectos que rodean al liderazgo y que impactan en las personas:

La unilateralidad que proviene de la jerarquía impone distancias, en cambio la colaboración que aporta la red provoca cercanías.

Un líder exitoso encuentra equilibrio entre el orgullo y la humildad: orgullo total en el rendimiento y humildad ante la magnitud de la tarea.

Nunca debemos perder de vista nuestros orígenes. No nos hagamos tan grandes que no podamos hacer las pequeñas cosas que se necesitan.

 Es por ello, que es hora de reflexionar como estamos haciendo las cosas:

¿Qué dejamos con nuestro trabajo? ¿Quién lo aprovechó? ¿A quienes hemos influenciado? ¿Quién se vio influido por nuestras acciones?

¿Tenemos humildad a la hora de dirigir? ¿Cómo nos ven nuestros equipos?

Tenemos que aprender las siguientes lecciones de liderazgo:

Dejemos de mirarnos el ombligo y miremos a los demás.

El poder de un directivo es hacer poderosas a otras personas y despertar sus posibilidades. No desarrollamos líderes a la velocidad necesaria.

Los grandes líderes crean líderes, no crean seguidores.

Si no estás haciendo que la vida de alguien sea mejor, entonces estás desperdiciando tu tiempo.

Para finalizar, pregúntate: 

¿Qué estoy haciendo por mi para ser el gran líder que quiero ser?

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