La minería argentina está entrando en una etapa que podría modificar mucho más que sus niveles de producción y exportaciones. Para Alejandra Cardona, gerente de CAEM, la escala de los proyectos que se preparan puede transformar ciudades, provincias y economías regionales completas, especialmente en el oeste del país.
“Me parece que puede ser la gran revancha de las provincias del oeste”, resumió durante una entrevista en la que repasó más de dos décadas vinculada a la actividad y puso el foco en algo que, a su entender, todavía cuesta dimensionar: el tamaño del cambio que podría producirse si los proyectos hoy en cartera efectivamente avanzan.
Cardona admite que incluso desde dentro del sector resulta difícil imaginar ese escenario a diez años. No habla solamente de minas. Habla de urbanización, población, empleo, servicios, infraestructura, cultura y nuevas actividades económicas alrededor de una industria que durante mucho tiempo ocupó un lugar bastante discreto dentro de la agenda nacional.
El cobre es uno de los mejores ejemplos de ese cambio. Muchos de los proyectos argentinos que hoy concentran atención internacional no son nuevos. El Pachón, recordó, acumula décadas de historia. Lo que cambió fue el contexto: la transición energética disparó la demanda de minerales necesarios para electrificación, energías renovables y reducción de emisiones.
“¿Cuándo se activan o se desactivan estos movimientos dentro de la minería? Cuando hay un interés que lo mueve”, explicó. Litio y cobre aparecen entre los principales protagonistas de una lista mucho más amplia de minerales considerados críticos por las economías industriales.
Y allí Cardona introduce una distinción importante: esos minerales son “críticos” para los países que necesitan abastecer sus industrias; para Argentina, que posee los recursos, son estratégicos.
La presión internacional por asegurar esos suministros empieza a jugar a favor de los países productores. Según datos manejados por CAEM citados por Cardona, Argentina avanzó hasta ubicarse en el séptimo lugar mundial como destino de inversiones en exploración. Al mismo tiempo, señaló que alrededor del 60% del territorio nacional permanece sin explorar, lo que abre la posibilidad de incorporar nuevos recursos a los ya conocidos.
En cobre, la oportunidad regional resulta todavía más evidente. Chile y Perú ya son grandes productores, mientras que Argentina aparece como el país que recién comienza a prepararse para sumar proyectos de escala internacional.
Para Cardona, esa llegada tardía no necesariamente representa una desventaja. El crecimiento proyectado de la demanda mundial es tan fuerte que incluso la puesta en producción de numerosos proyectos alrededor del planeta podría no alcanzar para cubrir las necesidades estimadas para las próximas décadas.
La oportunidad, sin embargo, viene acompañada por una condición: evitar que Argentina se limite a convertirse nuevamente en proveedor de materias primas.
Cardona plantea que el desarrollo debería utilizarse para impulsar transferencia tecnológica, contratación de trabajadores argentinos, fortalecimiento de proveedores locales y nuevas capacidades industriales. “Sería bueno revisar qué hicimos antes para no repetir”, señaló al comparar el escenario actual con otros ciclos históricos de fuerte demanda internacional de recursos argentinos.
La infraestructura que la minería necesita también sirve para el resto de la economía
Uno de los principales desafíos está fuera de las minas.
La expansión prevista requiere rutas, ferrocarriles, gas, electricidad, combustibles, conectividad aérea y una red logística capaz de mover grandes volúmenes entre provincias y hacia los puertos.
Cardona cuestiona, precisamente, que muchas veces esas obras sean pensadas exclusivamente bajo la etiqueta de “infraestructura minera”.
“El tren minero no es el tren minero”, ejemplificó. Una línea ferroviaria construida o recuperada para atender proyectos también puede transportar granos, productos industriales e incluso pasajeros.
Lo mismo ocurre con las rutas. Las necesitan las compañías para movilizar equipos y producción, pero también las comunidades que viven en los territorios atravesados por esos corredores.
La logística interprovincial aparece como otro punto todavía poco desarrollado. Argentina suele analizar cómo conectar una provincia con los puertos de Rosario, Buenos Aires o Chile, pero mucho menos cómo mover eficientemente insumos entre los propios distritos productivos.
Si una compañía necesita trasladar grandes volúmenes desde San Juan hacia Salta, por ejemplo, la infraestructura debería permitir una conexión directa y competitiva, sin recorridos innecesarios.
Vaca Muerta, una advertencia para lo que viene
Para Cardona, el crecimiento de Vaca Muerta ofrece una experiencia que las provincias mineras deberían observar con atención.
Añelo recibió en pocos años trabajadores y familias atraídos por el desarrollo hidrocarburífero, pero la infraestructura urbana no creció a la misma velocidad. Viviendas, escuelas, hospitales, servicios municipales y mano de obra comenzaron a quedar bajo presión.
Ese fenómeno puede repetirse alrededor de los grandes proyectos mineros.
Una mina de cobre necesita años antes de iniciar producción, lo que ofrece una ventaja que no debería desaprovecharse: existe tiempo para planificar.
El desafío pasa entonces por anticipar cuánta gente llegará, dónde vivirá, dónde estudiarán sus hijos, cómo se ampliará el sistema sanitario y qué servicios necesitarán las ciudades cercanas.
“No tenemos la costumbre como país de pensar la Argentina como un proyecto de país”, sostuvo Cardona. A su entender, buena parte de las discusiones todavía responde a la coyuntura, incluso cuando la minería trabaja con inversiones y operaciones que pueden extenderse durante 30, 50 o más años.
En ese sentido reflexionó que “es muy probable que hoy esté en jardín de infantes el ingeniero o la ingeniera que estará a cargo de llevar adelante los procesos productivos en el pico máximo de producción de los proyectos que hoy se están por poner en marcha en Salta o en San Juan”. E invitó a pensar “qué estamos haciendo hoy para lograr que eso ocurra”.
Talento local para controlar proyectos globales
El crecimiento de proyectos cada vez más complejos también plantea otra pregunta: si las provincias cuentan con capacidad técnica suficiente para controlarlos.
Cardona asegura que sí.
Los estudios ambientales y técnicos son elaborados por profesionales y evaluados por organismos provinciales que, a su vez, pueden convocar universidades y otras áreas especializadas. La complejidad creciente de los nuevos desarrollos puede exigir más tiempo de evaluación y aprendizaje, pero no implica una ausencia de capacidades.
Como ejemplo del conocimiento generado localmente recordó a Minera del Altiplano, operación con más de tres décadas de producción de litio, cuyo proceso fue desarrollado con participación de ingenieros químicos formados en la Universidad Nacional de Salta.
“Esa tecnología es talento salteño”, destacó.
El desafío para los organismos públicos pasa, en todo caso, por conservar esos equipos técnicos frente a un sector privado que suele ofrecer mejores condiciones para captar profesionales especializados.
Comunidades: entender antes de intentar resolver
La relación con las comunidades es otro terreno que Cardona conoce de cerca. Antes de incorporarse a CAEM trabajó como consultora para empresas y pasó largos períodos en la Puna.
Esa experiencia, asegura, le permitió comprender que muchas políticas fracasan porque son diseñadas desde una lógica urbana que no siempre coincide con la realidad del territorio.
Puso como ejemplo programas de capacitación que pretendían dictarse en forma virtual cuando los participantes debían trasladarse kilómetros hasta otra localidad para poder conectarse. Cuando la asistencia comenzaba a disminuir, la conclusión era que las personas “no querían capacitarse”, cuando el verdadero problema estaba en el diseño de la propuesta.
Ese aprendizaje también atraviesa su rol dentro de CAEM. Ella misma se define como una “facilitadora de conversaciones”, capaz de traducir realidades que muchas veces quedan lejos de los escritorios donde se toman decisiones.
Una oportunidad que excede a las provincias mineras
El crecimiento de la industria también empieza a incorporar provincias que no tienen proyectos metalíferos.
Santa Fe y Córdoba buscan participar a través de su entramado industrial y metalmecánico; Entre Ríos provee arenas a Vaca Muerta; Buenos Aires aporta industria y puertos.
Ese proceso, según Cardona, muestra que el desarrollo minero no termina en el yacimiento.
La magnitud de los proyectos demandará proveedores, trabajadores, tecnología, logística y servicios provenientes de distintas regiones del país. Y, como ocurrió en Neuquén, probablemente la disponibilidad local resulte insuficiente frente a la escala de la demanda.
Como ocurrió a fines del siglo XIX, cuando Argentina se convirtió en “El granero del mundo”, hoy el país tiene los minerales que el mundo necesita y una nueva ventana de inversiones. Para Cardona, lo que falta es convertir esa oportunidad en una planificación que sobreviva a la coyuntura y permita que infraestructura, empleo, proveedores y conocimiento crezcan junto con las minas.
Porque, si el escenario que imagina finalmente se concreta, el cambio será mucho mayor que el de una nueva industria exportadora: podría alterar el peso económico y demográfico de buena parte del oeste argentino.
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