En medio de un escenario económico que aprieta cada vez más, los feriantes del Parque San Martín redoblan la apuesta. Lejos de quedarse en la queja, presentaron un proyecto concreto para transformar el modelo actual en algo completamente distinto: una feria con estética colonial, misma cantidad de puestos y sin desplazamientos.
“La idea es hacer otra feria, otro modelo. Cambiar la cara”, explicó el referente del sector, Carlos “Tano” Godoy. La iniciativa ya cuenta con planos desarrollados y una estructura pensada en detalle. El objetivo es claro: modernizar sin romper el entramado social que sostiene a decenas de familias
El dato económico no es menor. Si en diciembre se hablaba de una inversión cercana a los 700 millones de pesos, hoy la cifra asciende a unos 750 millones, reflejando el impacto de la inflación y la necesidad de actualizar costos.
Pero más allá del diseño, el contexto pesa. La caída del consumo es evidente y golpea directo en el corazón de la feria. “Si bajan las ventas en supermercados y carnicerías, imaginate acá. Esto es secundario para la gente”, reconocen. A la par, crece el rebusque: vecinos que salen a vender desde sus casas, en la calle, como pueden.
Frente a eso, el proyecto no busca achicar, sino sostener: misma cantidad de puesteros, nadie afuera. Un intento de ordenar sin expulsar en un momento donde cada ingreso cuenta.
Hoy la iniciativa está en pausa. Los feriantes aseguran que están esperando una definición del intendente Emiliano Durand, quien —según recuerdan— en diciembre de 2024 mencionó que el municipio también tenía su propio proyecto. “Nunca nos mostraron nada. Nosotros sí tenemos planos, una propuesta armada”, remarcan.
La tensión es clara: de un lado, una propuesta concreta; del otro, una idea oficial que aún no se conoce. Mientras tanto, la realidad avanza más rápido que cualquier diseño. Y en la calle, donde todo se mide en ventas del día, el tiempo también vale plata.
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