Salvador Muñoz llevó la voz del empresariado salteño al Coloquio de IDEA: “El campo es el hijo que siempre estuvo”

El propietario de Salvita fue el único empresario salteño que expuso en el Coloquio de IDEA. Reivindicó el peso federal del agro y advirtió sobre el desafío que viene: formar el recurso humano que necesitará el país.

Desde el norte de Salta uno de los principales encuentros empresarios de la Argentina. Salvador Muñoz, propietario de Salvita, participó como expositor del Coloquio de IDEA que concluyó el viernes pasado, y fue el único empresario salteño convocado para integrar uno de sus paneles.

Muñoz formó parte de “Asumir el desafío de competir: empresas en primera persona”, una mesa que reunió experiencias de compañías y sectores muy diferentes, desde energía y minería hasta agroindustria, autopartes y gastronomía.

A él le tocó contar la experiencia del campo y hacerlo, además, desde una empresa que desarrolla su actividad lejos de los grandes centros económicos del país. “En el interior muchas veces no es que no se nos tenga en cuenta, sino que no se nos mira o no se dimensiona lo que hacemos”, señaló a INSalta.info al repasar la experiencia.

El formato imponía un desafío adicional: cada empresario disponía de apenas cuatro minutos para presentar su historia, explicar su actividad y dejar planteada una idea. “En cuatro minutos tenés que enfocar y transmitir lo que querés decir. Más que una charla, casi tenés que estudiarlo para poder condensarlo”, reconoció. Aun así, aseguró que pudo mostrar lo que hace Salvita y transmitir la visión con la que trabajan desde el norte argentino.

“El campo es lo más federal que tenemos”

Una de las reflexiones que le quedaron pendientes durante el panel tiene que ver con el lugar que ocupa actualmente el agro frente al entusiasmo generado por minería, petróleo y energía.

Muñoz aclaró que celebra el crecimiento de esas actividades y las inversiones que pueden aportar al país. Pero consideró que, en ese nuevo escenario, Argentina no debería perder de vista un sector que lleva décadas generando producción, empleo y actividad económica prácticamente en todo el territorio. “Bienvenida la minería, bienvenido el petróleo, bienvenida la energía y el gas. Argentina necesita más dólares y más ingresos. Pero creo que el campo es lo más federal que tenemos”, afirmó.

Su argumento parte de la distribución territorial. Mientras grandes proyectos mineros o hidrocarburíferos se concentran necesariamente en pocas provincias, la actividad agropecuaria atraviesa buena parte del mapa productivo del país. “El campo está en todos lados, en todos los pueblos”, resumió.

Para Muñoz, esa presencia se traduce también en un efecto directo sobre pequeños proveedores y economías locales: desde talleres metalúrgicos y corralones hasta transportistas, comercios y servicios que funcionan alrededor de cada actividad productiva.

Y recurrió a una imagen familiar para explicar cómo percibe la relación del país con el sector. “El campo es ese hijo que siempre estuvo. El que acompañó a los padres en las buenas y en las malas. Como sabés que está, a veces dejás de prestarle atención”, comparó.

Desde esa mirada cuestionó especialmente el peso de las retenciones sobre la producción agropecuaria y sostuvo que una reducción de esa carga permitiría multiplicar la producción y las inversiones del sector. “Al campo le sacás el pie de encima y responde”, planteó.

“Quería mostrar que también se hacen empresas desde la punta del mapa”

Para el empresario, participar del Coloquio tuvo además un valor simbólico. Cuando llegó su turno frente al auditorio, eligió remarcar que provenía del norte salteño, cerca del límite con Bolivia.

No fue un detalle geográfico. “Era una manera de transmitir que allá, en la punta del mapa, también tenemos empleados, hacemos empresas, invertimos y hacemos lo que hacemos con orgullo”, explicó.

La experiencia permitió poner sobre la mesa una realidad que, según Muñoz, muchas veces queda lejos de la mirada de Buenos Aires: empresas que operan, invierten y generan empleo en localidades pequeñas y regiones alejadas de los principales centros urbanos.

El próximo cuello de botella: las personas

Otro tema que se llevó del Coloquio fue la educación. Muñoz recordó especialmente un dato presentado durante uno de los paneles sobre la cantidad de jóvenes que comienzan el sistema educativo y consiguen completar la escuela secundaria. Más allá de las cifras, la discusión lo llevó a pensar en una cuestión que considera central para el crecimiento económico que Argentina espera durante los próximos años.

“Podrán venir capitales, podrá haber grandes inversiones, podrá haber RIGI y todo lo que se espera en términos económicos. Pero el recurso humano no se compra”, sostuvo.

Para el empresario, una compañía puede importar una máquina, construir una planta o incorporar la última tecnología disponible. Pero formar a las personas que deberán operar esas inversiones lleva mucho más tiempo. “El recurso humano no lo comprás. Hay que formarlo”, enfatizó.

El planteo adquiere una dimensión todavía mayor en regiones alejadas de los grandes centros urbanos, donde las dificultades de acceso a educación y capacitación pueden ser superiores y donde, al mismo tiempo, comienzan a aparecer nuevas oportunidades laborales asociadas con minería, agroindustria, energía y servicios.

Por eso consideró que educación y formación de talentos deberían empezar a ocupar un lugar tan importante en la agenda como las propias inversiones.

¿Qué deberían cambiar los empresarios? “Nada”

Sobre el final del panel llegó otra pregunta: ¿qué deberían cambiar los empresarios para adaptarse a la nueva etapa económica que se plantea para la Argentina? La respuesta de Muñoz fue inesperadamente breve: nada.

“Yo dije que no cambien en nada, porque el empresario argentino es brillante. Se adaptó durante años a todas las idas y venidas”, explicó.

No fue un planteo para permanecer inmóvil, sino un reconocimiento a una gimnasia empresarial desarrollada después de décadas de cambios de reglas, crisis, inflación y dificultades para planificar. Desde su mirada, esa capacidad de adaptación es justamente uno de los activos con los que el país llega a una posible nueva etapa de inversiones.

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