Artesanos indígenas salteños fueron premiados en la primera Bienal de Arte Indígena en Buenos Aires

Cuatro creadores de comunidades originarias de la provincia recibieron premios y menciones en un evento que reunió a artistas de toda la región. El reconocimiento impulsa la visibilidad de la producción artesanal y abre nuevas oportunidades de circulación para el sector.

Salta logró destacarse en la primera edición de la Bienal de Arte Indígena realizada días atrás en la Ciudad de Buenos Aires, donde cuatro artistas de pueblos originarios fueron distinguidos entre participantes de Argentina y países vecinos como Perú, Paraguay, Brasil y Chile.

El evento, orientado exclusivamente a creadores indígenas, busca dar mayor reconocimiento a expresiones culturales históricamente relegadas y generar nuevos espacios de exhibición y comercialización. En ese marco, la presencia salteña refleja el crecimiento de un segmento que combina identidad cultural con potencial dentro de las industrias creativas.

Durante el acto inaugural, el jurado otorgó el tercer premio a Reinaldo Prado, integrante de la comunidad wichí de Misión Chaqueña, por su pintura “Vida wichí”. También fue reconocida Candela Mendoza, de la comunidad wichí de Santa Victoria Este, quien obtuvo la segunda mención por la obra en cerámica “Samok”.

Además, recibieron menciones honoríficas Sara Díaz, de la comunidad wichí de Misión Chaqueña, y Analía Gallardo, artesana de la comunidad guaraní de Aguaray.

La delegación provincial surgió de un proceso de preselección que incluyó a 25 artistas salteños, muchos de los cuales también exhiben actualmente sus obras en la muestra, ampliando su alcance ante curadores, galeristas y público especializado.

La participación fue posible a partir de un trabajo articulado entre áreas culturales y sociales que impulsan el desarrollo artesanal, una actividad que en numerosas comunidades representa una fuente concreta de ingresos y una herramienta de preservación cultural.

El reconocimiento nacional no solo fortalece la proyección de los artistas distinguidos, sino que también posiciona a la producción artesanal indígena como un activo con creciente valor dentro del circuito cultural y económico, con capacidad para integrarse a ferias, exposiciones y mercados especializados.

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