Molinos San Bernardo, tres generaciones dedicadas a la producción agroindustrial a gran escala

La primera generación de la familia Mosca se encargó de ponerla en marcha, la segunda de ampliarla y potenciarla y la tercera de diversificarla y proyectarla a futuro.  

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En 1949, don Atilio Mosca fundó Molinos San Bernardo en la calle Zuviría 734, cerca de la estación de trenes, en una zona que concentraba todo el movimiento comercial de la ciudad. Al principio, la empresa se dedicó a la elaboración y venta de productos derivados del maíz blanco, amarillo y trigo candeal que, en aquella época, se comercializaban en bolsas de 60 kilos.

Después de un par de años cuando Sergio Raúl, uno de sus hijos, se incorporó al negocio, trajo nuevos aires y apareció con él la propuesta de vender alimentos balanceados, semillas híbridas de maíz y sorgo Cargill.

Los Mosca siguieron proyectando y en 1973, vislumbraron la posibilidad de fabricar ellos mismos sus productos y por eso construyeron su propio lugar en un predio ubicado en la avenida Tavella, que se perfilaba como un polo industrial de la ciudad. 

La segunda generación y Molisan, potente industria avícola integral

En aquel momento de ebullición y crecimiento, la familia crea Molisan, una compañía avícola integral que no sólo producía los huevos, sino que también se encargaba de la incubación, de la crianza de los pollos, la alimentación de los mismos, la faena, los frigoríficos y la distribución y venta. El crecimiento de Molisan fue tal que llegó a tener 400 empleados y se convirtió en líder del mercado del Noroeste Argentino durante muchos años.

En 1974 y tras el fallecimiento de don Atilio, otro de sus hijos, Héctor Alberto, comenzó a participar en el negocio familiar y al poco tiempo, junto a su hermano, decidieron trasladar el negocio a avenida Tavella 1255, donde está ubicada la empresa actualmente. 

En 1993, los hermanos Mosca deciden separarse para una mejor organización. Sergio Raúl se dedicó plenamente a administrar la empresa avícola y Héctor Alberto se hizo cargo de Molinos San Bernardo e invirtió en máquinas y equipamiento automático para la industrialización de cereales y legumbres.

El fin de Molisan llegó en el año 2000, como consecuencia de una política económica nacional que repercutió negativamente en la industria avícola. A pesar de ese golpe bajo para el negocio familiar, Molinos San Bernardo, bajo la dirección de Héctor Alberto, continuó su trabajo de manera ininterrumpida y logró posicionarse como marca en supermercados, mayoristas, almacenes y distribuidores no sólo de Salta, sino también de Jujuy, Catamarca, Formosa, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, con sus más de 15 productos. 

La tercera generación y Alto Molino, una planta aceitera moderna y con proyección

En el 2001 Martín Mosca, el hijo de Carlos Alberto, terminó el secundario y mientras estudiaba Marketing, comenzó a trabajar en la empresa junto a su hermano mayor. 

“Vengo a la empresa desde los 12 años. Los viernes, que eran los únicos días que me dejaban venir después de clases, llegaba y me instalaba. Siempre estaba metido en medio de las máquinas”, recordó Martín en diálogo con IN Salta.

Sin duda alguna Molinos San Bernardo, ahora administrada por la tercera generación de los Mosca, sigue siendo una marca líder y formadora de precios en todo el Norte por la honestidad, la transparencia, la buena conducta en los negocios y la prolijidad en las cuentas, valores y modos de trabajo que han sido instaurados por don Atilio en el ‘49 y se han trasmitido en el tiempo. 

“Si algo aprendimos con mi hermano Christian es el valor de conocer lo que hacemos. Cuando nosotros comenzamos, no entramos a la parte de gerencia. Entramos a la fábrica como operarios, y aprendimos a manejar las máquinas. Creemos que no se maneja lo que no se conoce. No es cuestión de sentarte en un escritorio, sino de conocer a pleno tu negocio y su ritmo”, agregó Martín en la entrevista. 

Si bien sus principales clientes son mayoristas, supermercados, fábricas de snacks, cereales o productos enlatados; la empresa comenzó a prestarle más atención a los consumidores finales -que son amas de casa, en su mayoría- a través de la página de Facebook que habilitaron este año. Los comentarios, consultas e interacciones les han servido no solo para evaluar los perfiles de quienes eligen los productos de Molinos San Bernardo para su día a día, sino también para delinear estrategias acordes a la demanda.  

En 2016 la tercera generación de los Mosca detectó la necesidad de ampliar y diversificar el negocio para continuar sumando valor agregado genuino a la producción agrícola salteña. Por eso activaron Alto Molino, una moderna planta de extrusado y prensado de soja a partir de la cual se obtiene aceite crudo de este material- que en su mayoría es adquirido por empresas para la elaboración de biodiesel- y expeller de soja, un producto con alto valor proteico que es utilizado por tambos, feedlots, granjas avícolas y de cerdos, como ingrediente esencial para la formulación de alimentos balanceados. 

Además de diversificar su producción con la planta aceitera de última tecnología, actualmente y con la colaboración de una bromatóloga, están trabajando en un programa para obtener las certificaciones de calidad de sus productos. 

“Siempre intentamos diferenciarnos. No le competimos a grandes empresas internacionales pero somos distintos. Ahora estamos apostando a certificar los productos sin TACC y nos estamos metiendo mucho en lo que tiene que ver con lo natural, con la alimentación saludable y los productos orgánicos. Creo que en el futuro, la diferenciación va a pasar mucho por ese lado”, concluyó Martín Mosca.

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