Marilina Bustos descubrió los bebés reborn en internet, se formó con artistas del exterior y hoy los pinta a mano desde Salta. Cada pieza le lleva más de un mes de trabajo y ya tiene clientes que los buscan por colección, contención emocional o terapia.
Todo empezó con una fascinación que muchas personas comparten desde la infancia: los muñecos. A Marilina siempre le gustaron los bebotes, pero un día, navegando por internet, descubrió algo que la dejó impactada: los bebés reborn, muñecos hiperrealistas que parecen recién nacidos de verdad.
“Vi uno en internet y me encantó. Era súper real, pero lo vendían en Europa y era carísimo”, recuerda. El tema quedó en pausa hasta que años después descubrió que algunos artistas en Argentina también los realizaban. Decidió comprar uno y cuando lo tuvo en sus manos sintió que algo había cambiado. “Lo único que pensé fue: amo esto y lo voy a aprender a hacer”. Ese fue el punto de partida.
Para formarse, Marilina tomó cursos online dictados por artistas de España y Perú, clases que se pagan en dólares o euros y que enseñan el delicado proceso de creación de estos muñecos hiperrealistas. Porque, más que juguetes, los reborn son considerados piezas artísticas.
Cada bebé comienza con un kit en blanco: cabeza, brazos y piernas de vinilo sin pintar. A partir de allí empieza el proceso artesanal: capas de pintura para imitar la piel de un recién nacido, colocación de ojos, implantación del cabello uno por uno y todos los detalles que logran ese efecto sorprendente de realismo. El trabajo no es rápido. “Más o menos me demora un mes y medio terminar un solo muñeco”, cuenta.
Los materiales tampoco son fáciles de conseguir. Las pinturas especiales, el cabello y muchos insumos deben comprarse en Europa. “Todo se trae de afuera, incluso el kit base”, explicó.
Aun así, el proyecto fue creciendo. Hace tres años que Marilina pinta bebés reborn y hoy prácticamente no tiene competencia en Salta. Muchos clientes llegan por curiosidad, otros por colección y algunos por motivos más profundos.
Aunque visualmente impactan como objetos artísticos, los reborn también tienen usos terapéuticos. Según cuenta, varias familias los buscan porque ayudan a niños con autismo, brindándoles calma y contención. También pueden ser útiles para personas con Alzheimer, ya que el contacto con el muñeco despierta recuerdos y emociones vinculadas a la crianza. “Sirven mucho como compañía, como apego o para recordar momentos de su vida cuando tenían hijos pequeños”, explica.
Incluso hay mujeres que los adquieren como parte de procesos emocionales complejos, como la pérdida de un bebé o la imposibilidad de tener hijos. En esos casos, aclara, siempre interviene acompañamiento psicológico.
El emprendimiento es completamente individual. Marilina trabaja sola en su taller, donde cada muñeco pasa por largas horas de detalle minucioso. “Cuando entro al taller y empiezo a pintar es algo que me desenchufa totalmente. Es como dar vida, renacer un bebé. Me fascina”.
Algunos de los reborn que hace se venden enseguida, mientras que otros quedan en stock para que los clientes puedan verlos y elegirlos. Pero hay uno que nunca vendería: el primero que compró, el que inició toda esta historia. “Ese no lo vendo ni loca. Fue el que empezó toda la locura reborn”, dice entre risas.
Y así, lo que comenzó como una curiosidad en internet terminó convirtiéndose en un emprendimiento artístico que ya tiene su lugar en Salta y que, para muchos, es mucho más que un muñeco: es emoción, memoria y compañía.
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