El sueño del techo propio, cada vez más lejano: construir ya cuesta US$ 1.000 el metro cuadrado

El presidente de la Cámara de la Construcción, Juan Carlos Segura, alertó sobre el impacto de la inflación de los insumos en el precio final de las viviendas y la desventaja logística del NOA.

El acceso a la vivienda propia se ha transformado en un desafío casi inalcanzable en la región debido a una escalada de costos que ya llevó el valor del metro cuadrado a un piso de mil dólares. Dicha presión inflacionaria, impulsada por incrementos severos en materiales esenciales como el acero, el cemento y el aluminio, golpea la línea de flotación del sector y se traslada directamente al bolsillo del comprador final, según advirtió Juan Carlos Segura, presidente de la Cámara de la Construcción. La preocupación empresaria va en sintonía con las cifras oficiales del INDEC: los últimos informes del Índice del Costo de la Construcción (ICC) confirman que el rubro de los materiales continúa liderando las subas mensuales de forma sostenida, acumulando variaciones que complican cualquier previsión a mediano plazo en todo el país.

Sin embargo, la realidad nacional se vuelve todavía más hostil al encuadrarla en el norte argentino (NOA). Al encontrarse a enormes distancias de los principales centros fabriles y siderúrgicos, la región debe absorber un costo de flete desproporcionado que encarece los insumos de forma asimétrica. Como consecuencia, edificar en el norte es considerablemente más costoso, lo que ensancha aún más la brecha entre los salarios locales y el valor real de los inmuebles.

Este desfasaje territorial afecta de manera directa a los proyectos inmobiliarios en marcha, especialmente a los financiados "en pozo". Al ritmo de la volatilidad de los precios, los planes de pago sufren actualizaciones constantes que encarecen las cuotas mensuales y alteran el valor definitivo de las unidades. Para evitar la parálisis de las obras y cumplir con los compradores, las constructoras locales han tenido que implementar estrategias de supervivencia, tales como el acopio inmediato de materiales apenas ingresan los fondos y la firma de acuerdos cerrados con proveedores.

La suma de estas dificultades, insumos dolarizados, fletes costosos y una histórica falta de créditos hipotecarios accesibles, deriva en un encarecimiento habitacional crónico que está expulsando a la clase media del mercado. En un escenario así, edificar o adquirir un hogar se consolida como una meta restrictiva donde el esfuerzo familiar ya no alcanza para competir con el ritmo de los precios.

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