Rupont, la marca salteña que viste a la industria y la minería, ahora juega en las grandes ligas

Hace 13 años hacían uniformes en un pequeño taller. Hoy produce miles de prendas técnicas, emplea a unas 60 personas y abastece a empresas como Ganfeng, Rio Tinto y Mansfield, fortaleciendo a los proveedores salteños.

Rupont nació hace 13 años confeccionando uniformes en un pequeño taller de barrio. Hoy cuenta con dos plantas de producción, emplea a unas 60 personas y abastece con indumentaria técnica a empresas vinculadas con la minería. Detrás de ese crecimiento hay una historia de reinvención, capacitación permanente y una fuerte apuesta por la industria salteña.

Lo que comenzó casi como un proyecto familiar terminó convirtiéndose en una de las fábricas locales que hoy encuentra en la minería una de sus principales oportunidades de crecimiento.

María Sol Ponce, licenciada en Comercialización y socia de Rupont junto a su esposo, el ingeniero industrial Diego Ruiz de los Llanos, recuerda que los primeros años estuvieron lejos de la minería. El emprendimiento nació en un local de barrio al lado del Centro Policial Sargento Suárez bajo otro nombre: Soluciones Textiles.

En aquel entonces confeccionaban uniformes para terceros y trabajaban como talleristas de otras fábricas. Poco después, la cercanía con dependencias policiales hizo que comenzaran a fabricar indumentaria para las fuerzas de seguridad, un nicho que les permitió consolidarse y seguir creciendo. Pero el verdadero punto de inflexión llegó de la manera menos pensada.

"La minería llegó a nuestra puerta"

Mientras funcionaban en un local cercano a la Jefatura de Policía, representantes de una empresa española vinculada a la instalación de paneles solares ingresaron al negocio con un pedido muy particular. Necesitaban que todo su personal utilizara la misma indumentaria técnica. Traían prendas utilizadas en Europa y preguntaron si podían fabricarlas en Salta.

"No fuimos nosotros a buscar la minería; la minería llegó a nuestra puerta", resume María Sol.

Ese desafío los obligó a aprender un mundo completamente nuevo.

Analizaron prendas técnicas, estudiaron materiales, buscaron proveedores especializados, recorrieron fábricas de otras provincias e incluso convocaron ingenieros para rediseñar procesos productivos que les permitieran fabricar con estándares industriales.

 "Entendimos que no alcanzaba con coser una prenda. Había que optimizar tiempos, reducir desperdicios, capacitar a la gente y lograr que el producto final cumpliera con las exigencias de empresas muy importantes", explica.

Del primer pedido a fabricar miles de prendas

Lo que comenzó con pequeñas órdenes de compra fue creciendo rápidamente. Si en los primeros años producir cinco uniformes representaba un gran desafío, hoy la empresa confecciona miles de prendas de distintos tipos para clientes industriales.

La inversión no estuvo solamente en maquinaria. También incorporaron profesionales, reorganizaron la producción y desarrollaron procedimientos que les permiten mantener la calidad sin trasladar costos innecesarios a los clientes.

Actualmente Rupont cuenta con dos plantas: una dedicada a corte y confección y otra especializada en bordados, personalización e intervención de prendas.

Cuando una campera se prueba en la montaña

La obsesión por mejorar llevó incluso a realizar pruebas fuera de la provincia. Durante un viaje a Bariloche, María Sol decidió prestar una de las camperas fabricadas por la empresa a un turista para que la utilizara durante una excursión a la montaña.

Al regresar, la respuesta fue la que esperaba. "No pasé frío", le dijo. Para ella, esa validación fue mucho más que un comentario.

"Nos sentimos orgullosos porque una persona que trabaja en condiciones extremas necesita una prenda que realmente lo proteja. Nosotros tenemos que cuidar a quien confía en nosotros como proveedor, pero también al trabajador que la va a usar todos los días."

Apostar por la industria salteña

El crecimiento de la empresa vino acompañado por una fuerte incorporación de mano de obra. Muchos de sus trabajadores llegaron sin experiencia previa y fueron capacitados dentro de la propia fábrica.

Incluso la incorporación de nueva maquinaria permitió que personas que nunca habían trabajado en confección aprendieran rápidamente nuevos procesos.

Hoy la empresa emplea alrededor de 60 personas y recibe trabajadores provenientes de distintos puntos de la provincia, entre ellos Rosario de Lerma, San Luis y Coronel Moldes. Para María Sol, generar empleo también significa mejorar la calidad de vida de muchas familias.

 "Cuando alguien consigue trabajo, cambia todo. Puede acceder a un deporte para sus hijos, pagar un idioma, consumir, proyectar un futuro. El trabajo mueve toda la economía."

De Salta para las grandes ligas mineras

El crecimiento de Rupont también se refleja en la cartera de clientes. Lo que comenzó confeccionando uniformes para pequeños pedidos hoy los encuentra trabajando con algunas de las compañías más importantes del sector. La empresa ya provee indumentaria para proyectos vinculados a gigantes de la minería como Ganfeng, Rio Tinto y Mansfield, además de otras firmas que operan en la cadena de valor minera.

Ahora el objetivo es dar el siguiente paso y consolidar su presencia en provincias como Catamarca y San Juan, dos mercados donde la actividad minera continúa expandiéndose.

Una fábrica que quiere que el trabajo quede en Salta

Aunque celebra el crecimiento de la empresa, María Sol asegura que su mayor deseo es que el desarrollo alcance a todo el entramado productivo local. "No importa si todas las prendas no las hacemos nosotros. En Salta hay muy buenos fabricantes. Lo importante es que el trabajo quede acá."

La empresaria sostiene que muchas compañías todavía compran en Córdoba o Santa Fe productos que podrían fabricarse en la provincia.

"Acá hay capacidad. Hay empresas que pueden hacerlo con la misma calidad. Solo hace falta animarse y confiar en la industria local."

El origen de un nombre con identidad

Hasta el nombre de la empresa refleja ese espíritu familiar. Después de probar distintas marcas comerciales, decidieron crear una que representara a quienes iniciaron el proyecto.

Así nació Rupont, una combinación de los apellidos Ruiz de los Llanos y Ponce, a la que sumaron la T de Textil.

Trece años después, aquella pequeña fábrica que comenzó confeccionando uniformes en un local de barrio se transformó en un proveedor confiable de la industria minera, con dos plantas de producción, empleo genuino y una convicción que sigue guiando cada decisión: demostrar que en Salta también se puede fabricar con calidad para las grandes ligas.

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