Hay historias que empiezan con una inversión y otras con una decisión que cambia por completo la vida. La de Solo Los Locos pertenece claramente al segundo grupo.
Hace pocos años, Patricio Peñalba Arias e Ingrid Borchardt dejaron Suiza, donde habían construido su vida profesional y familiar, para instalarse en los Valles Calchaquíes. Él es médico traumatólogo y salteño; ella, técnica radióloga y suiza. Se conocieron hace más de 25 años en Europa, trabajando en un hospital.
“Cuando yo me fui a estudiar a Suiza, la gente me decía que estaba loco porque me iba”, recuerda Patricio. Años después, cuando decidieron dejar todo allá para venir a vivir al norte argentino, la reacción fue prácticamente la misma, pero en sentido inverso.
“Nos decían que estábamos locos por dejar nuestra hermosa vida en Suiza para venir acá”, cuenta. De ahí surgió el nombre que terminó definiendo mucho más que una marca.
Solo Los Locos comenzó a tomar forma en Tolombón, al sur de Cafayate, en una finca familiar de los Peñalba ubicada al pie de las Sierras del Cajón. El lugar tenía paisaje de sobra, pero muy poca infraestructura.
Cuando llegaron, no había luz ni agua. Para poder abastecerse debieron desarrollar una conexión de más de cuatro kilómetros y construir prácticamente desde cero las condiciones necesarias para vivir y producir.
Hoy el proyecto ocupa un predio de 15 hectáreas, con unas 2,8 hectáreas plantadas, y cuenta con una bodega de aproximadamente 10.000 litros de capacidad. La producción prevista para 2026 ronda las 7.000 botellas, una escala deliberadamente pequeña que les permite trabajar cada vino de manera muy cercana.
La bodega fue construida entre 2020 y 2023 con una fuerte integración al paisaje. Cemento, piedra del lugar y tecnología moderna conviven en un espacio que busca mantener la identidad de Tolombón sin renunciar a distintas herramientas de elaboración.
De Suiza a Tolombón
El vino no fue necesariamente la primera idea cuando decidieron cambiar de vida.
“Cuando llegamos acá, la idea era hacer algo en vino o también en turismo. Nosotros veníamos del mundo de la salud y queríamos cambiar de estilo de vida”, explica Ingrid.
La pasión fue creciendo con el tiempo. Antes de la pandemia comenzó a estudiar y profundizar sus conocimientos sobre vino y, según cuenta, terminó completamente atrapada por ese mundo.
Tolombón tampoco le resultaba del todo ajeno. Había conocido la región muchos años antes, durante los viajes que realizaba junto a Patricio para visitar a su familia.
Y encontró algo familiar en el paisaje.
“Yo vengo de los Alpes. No es lo mismo, pero es parecido”, dice. La montaña, los valles y una vida alejada de las grandes ciudades terminaron haciendo el resto.
A esa mezcla de procedencias la familia la define como una identidad “alpino-andina”: dos geografías distintas unidas dentro de una misma forma de vivir y hacer vino.
Una bodega que también crece con la familia
Solo Los Locos es, ante todo, un proyecto familiar.
Patricio e Ingrid trabajan juntos en la finca y la bodega, mientras sus hijos, Nina y Félix, crecen entre viñedos, vendimias y tareas cotidianas del campo.
“Nos ayudan en el hacer diario, tanto de la bodega como del campo, y en todo lo que significa llevar adelante un proyecto vitivinícola”, cuenta Patricio.
El primer vino llegó en 2019, elaborado junto al enólogo Álvaro Dávalos, integrante de una familia estrechamente vinculada con la historia vitivinícola de los Valles Calchaquíes.
Desde entonces, la bodega fue desarrollando un estilo propio, con microvinificaciones y distintos recipientes para la crianza: acero inoxidable, barricas de roble francés, Ovoïdes de polímero y vasijas Clayver de arenisca.
Ponzoñosos, tarántulas y una primera identidad
La primera línea de la bodega se llama Ponzoñosos.
El nombre nació de otra de las pasiones de Ingrid: la naturaleza y, particularmente, los insectos y animales que no suelen despertar demasiadas simpatías.
“A Ingrid le gusta la naturaleza, le gustan los animales y le gustan sobre todo los insectos”, explica Patricio.
La tarántula apareció así en la primera etiqueta y terminó convirtiéndose en parte del universo visual de la marca.
La línea está integrada por Ponzoñosos Todos, Ponzoñosos Ojos y Ponzoñosos Ogros Gran Corte, todos concebidos como blends.
Madame Singulière, una línea en homenaje a Ingrid
Ahora Solo Los Locos suma una segunda familia de vinos: Madame Singulière.
Patricio la define como una línea nacida “un poco en homenaje a nuestra querida Ingrid, que es la que lleva adelante el proyecto”.
A diferencia de Ponzoñosos, aquí la apuesta está puesta en varietales y partidas muy pequeñas.
La colección incluye un Rosé de Malbec 2026, con 733 botellas y crianza en Ovoïde; una Garnacha 2026, de 600 botellas y el mismo tipo de crianza; un Cabernet Franc Affinée 2025, con apenas 530 botellas criadas en vasija de arenisca; y un Malbec Affinée 2025, del que se elaboraron solo 300 botellas con crianza en roble francés.
La filosofía detrás de la línea es simple: dejar que cada varietal muestre su personalidad sin intentar forzarlo a encajar en una fórmula.
Una bodega para conocer, no solo para beber
La inauguración definitiva de la bodega marca ahora otro momento importante para la familia.
“Es la concretización de mucho trabajo”, resume Ingrid.
El siguiente paso será abrir cada vez más las puertas para que las personas puedan llegar hasta Tolombón, conocer el lugar y entender los vinos desde el paisaje donde nacen.
“Queremos que la gente llegue hasta la bodega, conozca este lugar, que es maravilloso”, dice.
Mientras tanto, Solo Los Locos llevará una pequeña porción de Tolombón hasta Buenos Aires. Este sábado 3 de octubre, a las 16, Patricio e Ingrid presentarán Madame Singulière en La Cava de Lucía, en Las Cañitas, donde también habrá degustación de la línea Ponzoñosos.
Es otro capítulo de una historia que empezó con dos personas dejando atrás una vida previsible para construir otra al pie de una montaña. Y, visto el resultado, quizás aquello de estar un poco locos no haya sido una mala idea.
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