La desarrolladora inmobiliaria Proyecto Norte rompió el molde y decidió llevar su mirada sobre ciudad, diseño y desarrollo inmobiliario al terreno donde suelen aparecer las ideas más frescas: el aula. Esta semana la empresa lanzó junto a la UCASAL un nuevo “Desafío Creativo” que involucra a 19 estudiantes del último año de la carrera de Diseño de Interiores, en una experiencia que se extenderá durante todo el año y que combinará formación, práctica profesional y competencia.
La propuesta lleva un nombre que ya marca el tono del trabajo: “Rehabilitar para Rehabitar”. Y no se trata de un ejercicio abstracto. El objetivo es que los participantes, organizados en equipos, elaboren proyectos para transformar el edificio histórico de la ex Palúdica en un ecosistema híbrido de usos mixtos, capaz de convertirse en un motor económico y social para la ciudad de Salta.
La iniciativa también deja ver un rasgo cada vez más presente en el perfil de Proyecto Norte: una desarrolladora que no se limita a construir o comercializar metros cuadrados, sino que busca intervenir en la conversación sobre cómo se transforma la ciudad, qué se hace con su patrimonio y qué nuevas miradas pueden enriquecer esos procesos. En ese sentido, el desafío funciona también como una declaración de identidad: una empresa activa, creativa y con interés real en detectar y acompañar nuevos talentos.
Durante la jornada de lanzamiento, luego de la presentación formal del desafío, uno de los participantes compartió su estudio de campo y después se abrió una dinámica de mesas de trabajo en las que los estudiantes debatieron distintas preguntas vinculadas al caso. La mecánica permitió cruzar ideas, discutir enfoques y poner en común conclusiones, en una lógica más cercana a un laboratorio de pensamiento que a una consigna académica tradicional.
El edificio elegido para el desafío no es cualquier inmueble. La ex Palúdica aparece como una pieza de alto valor patrimonial, pero también como una oportunidad concreta para imaginar nuevos usos urbanos. La consigna apunta a convertirlo en un espacio dedicado a la cultura, la gastronomía y el encuentro social, aprovechando su identidad arquitectónica como un activo comercial diferencial y no como una carga del pasado.
Ahí se abre uno de los aspectos más interesantes del planteo. Los estudiantes no deberán pensar solo en términos estéticos o conceptuales, sino también incorporar variables de mercado, viabilidad, contexto urbano y funcionamiento real. Es decir, no alcanza con diseñar algo atractivo: hay que imaginar un proyecto que pueda vivir, sostenerse y dialogar con su entorno.
La estructura general del desafío gira alrededor de tres grandes pilares. El primero está vinculado a la gastronomía de experiencia y mercado, con food hall de autor, cafés del museo y talleres participativos. El segundo propone un hub de innovación, con espacios flexibles de trabajo, áreas de experimentación y un espacio-museo que recupere la memoria original del edificio. El tercero se apoya en una plataforma cultural y de eventos, con galerías para arte y diseño, salones de usos múltiples y un esquema de gestión integral del lugar.
Pero además del “adentro”, el proyecto obliga a pensar el “afuera”. La articulación con el Paseo Güemes, la Usina Cultural y el Paseo Ex Palúdica aparece como una de las claves del desafío. Los equipos deberán resolver cómo activar los cuatro accesos del edificio, cómo integrarlo al flujo peatonal del macrocentro y cómo evitar que el espacio se convierta en una pieza cerrada o excluyente frente a un entorno que ya tiene vida propia.
También entran en juego cuestiones técnicas concretas: zonificación, accesibilidad, movilidad reducida, estacionamientos, balance de superficies concesionables y espacios comunes, además de la factibilidad económica del conjunto. En otras palabras, el desafío les pide a los estudiantes pensar como diseñadores, pero también como profesionales capaces de entender lógica urbana, gestión y sustentabilidad económica.
Los proyectos pasarán por distintas instancias a lo largo del año, con una preentrega, una etapa de trabajo en colaboración con Proyecto Norte y una presentación final ante jurado. Al cierre del proceso, el equipo ganador recibirá un premio a definir.
Más allá del resultado, el desafío ya deja algo interesante sobre la mesa. En lugar de mirar el talento emergente desde afuera, Proyecto Norte decidió involucrarse de manera directa, tender un puente con la universidad y poner en conjunto un desafío real en manos de quienes están empezando a construir su mirada profesional. En tiempos en que muchas empresas hablan de innovación, pero pocas generan espacios concretos para ejercitarla, la desarrolladora eligió hacer algo más activo: abrir el juego.
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