La edad solo es importante si eres un buen vino, y de esto sabe mucho la familia Etchart de  Bodega Yacochuya

Pablo Etchart junto a su mamá Hebe Vasvari de Etchart y sus hermanos Mariana, Arnaldo (h) y Marcos, llevan adelante un proyecto en el que confluye el paso del tiempo, el clima, la tierra y un paseo por las nubes. Bodega Yacochuya se fundó en 1938 y hoy representa la historia viva de la producción vitivinícola de Salta y Argentina.

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Desde Cafayate, la Bodega Yacochuya se destaca con su producción de Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y Torrontés. El trabajo, la historia y sin duda la dedicación de toda la familia Etchart, junto a un destacado profesional de la industria, el enólogo de prestigio internacional Michel Rolland, hicieron que sus productos sean únicos.

La amplia capacidad productiva, el empleo de tecnología de punta y la naturaleza que rodea a la Bodega, son claves para la elaboración de productos con historia. Dicen los expertos que las uvas cultivadas en cotas tan altas cuentan con una piel mucho más gruesa, lo que permite producir vinos con mucha estructura. En esta oportunidad, Pablo Etchart comparte su visión sobre la industria. 

Si bien todos los productos son estrellas, siempre hay un preferido y en este caso viene de la mano del enólogo número uno con quién trabajan desde la década del ochenta. “El Malbec que proviene de un viñedo muy antiguo, plantado en 1900, es nuestra estrella. Son ocho hectáreas, con lo cual es un vino de muy poco rendimiento, pero las viñas son de muy buena calidad y concentración. Esto quiere decir que se producen vinos con muchos colores, aromas y textura en boca cuando uno lo toma. Son esos vinos que a veces se dice que es para masticar”.

Su producción también guarda la historia y los secretos de la familia, luego de la cosecha de estas viñas tan particulares, se fermenta directamente en barrica de roble francés de 225 litros o bien, a veces, en tanques de inoxidable, todo depende de cómo viene el año. El paso infaltable se da cuando termina la maceración y se coloca en barricas de roble francés, donde van a reposar entre un año y dos para su micro-oxigenación.

“Este proceso que permite el intercambio de oxígeno  desde el interior al exterior le da al vino durabilidad y longevidad. Es un producto de tanta estructura, que nosotros siempre recomendamos tomarlo con cuatro o cinco años de guarda. Este vino tendrá aromas muy especiales del Valle y sabores más frutales, con algo de especias, más lo que le aporta la barrica. Es un vino que con el paso del tiempo mejora”.

El carácter único del viñedo permite reconocer año tras año, más allá de las particularidades climáticas, que ese vino tiene un mismo origen. “Cuando no se dan las condiciones climatológicas y de calidad de uva que requerimos este vino no se produce. Eso nos pasó en el año 2012, fue un año muy lluvioso en Cafayate, la uva no dio el nivel de calidad que queríamos y directamente este producto no salió al mercado”.

La altura y el sol que siempre brilla en los Valles Calchaquíes también hacen la diferencia. “Los vinos de altura tienen muchas horas de sol por año. Hay más de trescientos días de sol en los Valles Calchaquíes y hay muchísima amplitud térmica, días calientes y noches frías. El agua es muy pura y la época de lluvia es muy breve, todo esto permite vivir un clima sano para la vid. Todo esto permite elaborar vinos con buena estructura, fuertes y de mucha durabilidad en el paladar”.

Del paso del tiempo también dependen los vinos, por ejemplo desde que se planta hasta la primera producción pueden pasar cuatro años como mínimo, para buscar alguna calidad razonable. Si se trata de vinos de alta gama se debe esperar entre siete y diez años. Hoy la bodega se ve superada por la demanda. Siempre agotan sus productos antes de finalizar el año, pero año a año logran crecer a paso firme, a pesar del contexto económico en general.

“Nuestra realidad no escapa a la situación del mercado, estamos saliendo en parte de la pandemia. Si bien la situación del sector vitivinícola fue curiosa, porque las ventas han tenido un repunte, ya que la gente tenía que quedarse en casa y no tenía gastos cotidianos como salidas y comidas afuera, se dedicó a consumir vinos. La otra cara de la moneda es que se cerraron todas las exportaciones prácticamente. Entonces el mercado interno se ha mantenido, pero el externo recién ahora está empezando a moverse un poco”, señaló Pablo Etchart.

Esto situación trajo aparejada muchísimas complicaciones, “el sector está viviendo un alza de costos importantes, ya que muchos de nuestros insumos vienen de afuera y requieren flete marítimo, el tipo de cambio nos perjudica, el aumento del costo de las barricas, la etiqueta que lleva tinta importada, los papeles, los cartones, las botellas (que si bien se producen en Argentina se valúan con el dólar), es un escenario complejo. Positivo por las ventas pero no por los márgenes de rentabilidad”, indicó.

Finalmente señaló, “cerramos un año con esperanzas, porque se están abriendo las exportaciones nuevamente, la crisis fue mundial pero siempre hay lugares que tiene más acompañamiento para superarlas. Se está reactivando de a poco el mercado con muchas dificultades. Los niveles de consumo y la apertura al turismo extranjero, hacen que nuestros vinos sean muy competitivos. Hoy tenemos reservas para las visitas a la Bodega, la recuperación del turismo será también bueno para los vinos, la gastronomía y la hotelería que brindan muchas bodegas”.

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