A pocos pasos del microcentro salteño, donde conviven lo antiguo y lo contemporáneo, nació Fantasmagoria, una tienda que propone mucho más que productos: ofrece experiencia, curiosidad y un viaje al mundo de lo mágico. Detrás del mostrador está Agustín Poleman, quien transformó un interés de la infancia en un emprendimiento con identidad propia.
“La idea la verdad viene hace rato”, cuenta. Y para entender el origen hay que retroceder a su niñez, cuando tomó un curso de magia con el recordado mago Samy, referente local que enseñaba trucos con cartas, monedas y sogas. “Siempre me despertó la curiosidad”, recuerda.
Ese interés quedó latente durante años hasta que, en 2024, un viaje familiar a Italia volvió a encender la chispa. Allí se topó con una antigua tienda de magia esotérica que lo impactó por su estética y propuesta. “Empezaba a picar de vuelta esta curiosidad que tenía de niño”, dice.
El proceso se profundizó puertas adentro de su propia casa. Entre las pertenencias familiares aparecieron libros de astrología, magia blanca y ángeles que su padre —gran coleccionista— había guardado durante años. La combinación fue decisiva: pasión de infancia, hallazgo personal y oportunidad emprendedora.
Así nació el concepto de Fantasmagoria: un espacio híbrido que cruza públicos y niveles de interés. “La idea era tener una tienda que brinde servicios como tarot o lectura de runas, combinada con venta de productos”, explica. En las estanterías conviven varitas mágicas y artículos inspirados en el universo de Harry Potter para los más chicos, junto con velas, mazos de tarot, bolas de cristal y objetos esotéricos para un público más especializado.
Pero el proyecto también tiene raíz emocional. La elección del local no fue casual. Poleman cuenta que su madre le recordó que, en los años 70, su abuela y su tía abuela tenían en Salta la tienda Germán, donde vendían productos importados de Europa. A eso se sumó el gusto de su padre por los muebles antiguos.
“En la casa había muchas cosas antiguas, así que aprovechamos para ambientar y que dé esa sensación de tienda de magia antigua”, señala. El resultado es un espacio con impronta vintage que refuerza la experiencia inmersiva.
Hoy, el desafío es sostener y hacer crecer el emprendimiento en un contexto económico complejo. Su mirada es prudente pero optimista. “Me gustaría que se pueda mantener en el tiempo y crecer de a poco”, afirma.
En el horizonte aparecen nuevos sueños: sumar talleres, abrir una pequeña escuela de magia, enseñar tarot, astrología y prestidigitación para niños, replicando de algún modo su propio punto de partida. Si pudiera hablar con aquel chico que descubría sus primeros trucos, Poleman no duda: “Que siga los sueños y que le meta para adelante. Los sueños se cumplen”.
Fantasmagoria, Tienda de magia, funciona en General Güemes 326 de lunes a viernes de 10 a 13 y de 16.30 a 20. También lo podés encontrar en Instagram como @fantasmagoria.magia.
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