La situación de las pequeñas y medianas empresas en Salta atraviesa uno de sus momentos más críticos en años. La combinación de salarios estancados, desplome del consumo y suba sostenida de los costos empujó a muchas firmas a “bajar la persiana” o continuar operando fuera del sistema formal.
“Hoy no podemos planificar crecimiento, solo subsistencia”, aseguró Gustavo Acuña, secretario de la Cámara Pyme de Salta, al describir un contexto que, lejos de estabilizarse, se fue profundizando mes a mes.
Según datos de la cámara, las ventas están cerca de un 30% abajo en promedio, aunque con diferencias según el rubro. Gastronomía, turismo, textiles, librerías, jugueterías y actividades vinculadas a la producción industrial figuran entre los sectores más golpeados. “La principal causa es la caída del consumo. Con salarios pisados y costos que siguen subiendo, al cliente no le alcanza. Ese es hoy el problema central”, explicó Acuña a IN Salta al señalar que la desaceleración de la inflación no se tradujo en una mejora del consumo, sino en menos poder adquisitivo y ventas en baja.
A la caída de ingresos se suma un fuerte incremento de los costos fijos. Servicios como luz, gas, combustibles y alquileres registraron subas muy por encima de la capacidad de las pymes para absorberlas.
“Hay empresas que tuvieron aumentos de hasta el 700% en la tarifa eléctrica. Para una pyme productiva, eso es imposible de sostener”, señaló. A esto se agregan los impuestos nacionales, provinciales y municipales, que completan un escenario de fuerte asfixia financiera.
Mil pymes cerradas y empleo en riesgo
El impacto ya se refleja en los números: según estimaciones de la Cámara cerca de mil pymes cerraron en la provincia, mientras que otras optaron por reconvertirse o pasar a la informalidad. “Muchas bajaron la persiana, otras pasaron a la informalidad. Cuando una pyme se informaliza, todo su empleo también”, dijo.
La consecuencia directa es la pérdida de puestos de trabajo registrados y la salida de miles de trabajadores del sistema formal. “La pyme es familia, el dueño trabaja codo a codo con el empleado. Por eso se resiste a cerrar hasta que ya no puede más”, indicó.
Otra de las salidas que se repiten es la reconversión: pasar de producir a importar, o reducir al mínimo la estructura. Esto implica menos empleo y pérdida de valor agregado, ya que tareas productivas son reemplazadas por actividades comerciales básicas.
“La producción se achica, se pierde mano de obra calificada y quedan solo algunos puestos vinculados a la venta”, afirmó.
Reclamo al Gobierno nacional
Desde el sector apuntan a la ausencia de una política orientada a la microeconomía. “El Gobierno mira la macroeconomía, pero se olvida de la micro. Sin consumo no hay empresa que aguante”, afirmó.
Si bien mencionó la necesidad de debatir reformas laborales e impositivas, advierte que ninguna medida será suficiente sin reactivar el consumo. “Aunque me den beneficios impositivos, si no vendo, no puedo sostener la empresa ni tomar empleados”, enfatizó.
Consultado sobre una posible mejora en el corto plazo, fue cauteloso. “Hoy no vemos luz al final del túnel”.
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