El día menos pensado

El director de la consultora de Recursos Humanos Bayton, Damián Wachowicz, analizó cómo el COVID-19 cambió el mundo del trabajo, y el enfoque de lo urgente y lo importante.

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“El futuro del trabajo ya llegó” nos dicen continuamente los gurús del management. La colaboración en tiempo real, las organizaciones horizontales, employee engagement, squads tribus y UX, son todos conceptos que vemos continuamente en LinkedIn compartido por las BestPlaceToWork y las “algo”-tech. Las start-ups nacen así, las multis se transforman así, y el resto lo miran con anhelo sin poder más que timonear entre la tasa, las regulaciones, los juicios y los impuestos. ¿Qué lugar tiene el futuro del trabajo en el mundo entre la espada y la pared? Hasta el mismo Eisenhower nos perdonaría sabiendo que en Argentina todo lo urgente es también es importante.


Pero de repente llegó el día. Ese día que hace tan sólo dos semanas mirábamos con agnosticismo mientras alguien del comité de crisis lo tiraba como quien tira los dados para ver qué sale. “¿Mirá si tenemos que aislarnos como están haciendo en Italia!?”. La posibilidad implicaba no sólo una real amenaza al negocio sino también una estaca en el corazón del status-quo y la forma actual de trabajar. Un escenario donde el reloj no sea quien marque el principio de la jornada y la ilusión del “trabajan porque están en la oficina” finalmente se hace ver por lo que es: una ilusión. Tendríamos que lidiar con estructuras descentralizadas, cambiar horarios por tareas, y no quedaría más que darles autonomía a las personas; todo esto sin poder hacer ni una reunión presencial. La mesa incrédula no podía imaginar cómo lidiar con ese escenario, pero la cuarentena total y obligatoria ya tocaba la puerta de la presidencia. Impuesto y por fuerza mayor, todas las organizaciones marcharon como el Pachi Martinez para prepararse ante este posible futuro de su trabajo.

Y el día llegó. Con tan solo 2 horas de preaviso se cumplió el escenario de máxima del comité de crisis, anunciándose un aislamiento social, preventivo y obligatorio para todas y todos. El 100% de las personas trabajando remoto. Bien o mal, ese primer día la organización siguió funcionando, principalmente gracias al esfuerzo conjunto de los departamentos de Recursos Humanos y Tecnología que habían trabajado incansablemente para llevar la oficina a nuestras casas. Incrementamos las VPN, desempolvamos máquinas por doquier y desenfundamos nuevas herramientas que nos iban a permitir seguir trabajando igual que como veníamos trabajando. Remoto, pero igual.

El día llegó, y no fue igual. Nunca habíamos logrado estos niveles de presentismo y por primera vez NADIE llegó tarde. Pero qué importó eso en la primera reunión virtual en la que nos olvidamos del dónde y nos focalizamos en el qué. Tareas y resultados más que lugar y horario. Rápidamente aprendimos que sin delegar nos abrumaríamos, que sin confiar explotaríamos, y que sin dar autonomía enlenteceríamos. Aprendimos a colaborar, que no es lo que ocurre en reuniones eternas y jerárquicas, sino lo que surge cuando hacemos y deshacemos juntos. Y juntos fue que descubrimos el poder de los chats, el valor de los canales informales, y el potencial de las herramientas colaborativas. A pesar de la distancia estábamos más cerca que nunca, más conectados que nunca, inspirados en una nueva forma de ser y hacer. Estábamos trabajando, y este escenario sin precedentes nos encontraba unidos. Unidos todos, trabajo y familia, bajo un mismo propósito que nos daba sentido y orgullo. No estábamos motivados, estábamos inspirados, y nos fuimos dando cuenta de que estábamos saboreando un poco de esto que algunos llaman el futuro del trabajo.


El día llegó y eventualmente se irá. De a poco iremos volviendo a nuestras oficinas, a nuestros escritorios, a la misma agenda que antes colmada de reuniones. No tendremos allí a nuestros hijos que interrumpan llamados y se terminó lo de la mascota en la oficina. Pero no seremos los mismos. Cada uno de nosotros llevará consigo la experiencia de que hay otra forma. Una forma de hacer en donde las organizaciones no ignoren al individuo, sino que lo potencien. Que encuentren en la suma de todos mucho más que las partes. Durante un tiempo nos tocó llevar el trabajo a nuestras casas para salvar al mundo; es hora de llevar nuestras vidas al trabajo para salvarnos a nosotros, y juntos volver a reafirmar el propósito, el ser y hacer de nuestras organizaciones. Hizo falta el día menos pensado para mostrarnos el valor de lo importante, no lo perdamos nuevamente frente a lo urgente.

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