El "fast fashion" complica al comercio: el fenómeno de los "mayoristas" que revolucionan el centro con precios locos

Como si el comercio salteño tradicional no tuviera suficientes desafíos, apareció un nuevo jugador dispuesto a sacudir las reglas del mercado: los "mayoristas" que, en la práctica, venden al por menor y a precios bajos.

No es ropa usada ni de segunda mano. Es nueva, viene con etiqueta y, en algunos casos, hasta conserva el glamour de marcas internacionales. En pleno centro de Salta, estos comercios se multiplican y ganan terreno con una propuesta difícil de ignorar: moda a precios que parecen sacados de otro tiempo.

Algunas prendas aseguran ser de industria argentina; otras llegan con la clásica etiqueta "Made in China". Entre percheros repletos y ofertas imposibles, aparecen incluso verdaderos tesoros de marcas como Zara, Bershka y Forever 21, a valores que obligan a mirar dos veces.

Este formato comercial avanza casi al mismo ritmo que los locales de moda circular, al punto de haberse convertido en su principal competencia. La explicación es sencilla: muchas veces, comprar una prenda nueva cuesta lo mismo —o incluso menos— que llevarse una usada.

Durante un recorrido por estos negocios, los precios hablan por sí solos. Hay remeras desde $ 2.600, conjuntos deportivos a partir de $ 14.000, camperas desde $ 10.000, camisetas por $ 4.000 y piyamas desde $ 6.000. Todo, absolutamente todo, a estrenar.

La concentración de estos locales ya dibuja un nuevo mapa comercial en la ciudad. Se los encuentra sobre San Martín, entre Buenos Aires e Ituzaingó; también sobre avenida Jujuy hasta San Luis; y en Urquiza, entre Córdoba y Alberdi. Entre los nombres más conocidos aparecen La Salada —en clara alusión al histórico polo comercial bonaerense— y B-Alive, una marca que no para de expandirse y parece decidida a conquistar cada cuadra del microcentro. También Roma, ubicado en la segunda cuadra de Peatonal Alberdi, justo enfrente de verdaderos clásicos como Ted Bodin y Etam, que están cerrando sus puertas por falta de ventas.

Los vendedores aseguran que la mercadería proviene de grandes talleres textiles de Buenos Aires, aunque prefieren mantener bajo llave los detalles de una cadena de abastecimiento que permite sostener precios tan bajos. El misterio continúa, pero el éxito comercial ya no admite debate: la única respuesta posible es el fast fashion.

La moda rápida es un modelo de negocio que produce colecciones de ropa masivamente, a bajo costo y a gran velocidad para imitar tendencias actuales. Se caracteriza por prendas de baja calidad, un ciclo de vida corto y un alto impacto ambiental, incluyendo el 10% de las emisiones globales de carbono.

En tiempos donde gastar cada peso se analiza dos veces, estos locales encontraron la fórmula perfecta: ropa nueva, marcas reconocidas y precios que tientan hasta al comprador más disciplinado. Mientras tanto, el comercio tradicional observa cómo las cajas suenan cada vez menos. Adaptarse ya no es una opción: en el nuevo mapa del consumo, el precio dejó de ser una variable para convertirse en el protagonista absoluto.

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