Con precios en niveles históricamente altos y ventas en retroceso, los carniceros advierten que el escenario podría tensarse aún más en los próximos meses. La incertidumbre domina el mercado y ya se habla de un período prolongado de oferta limitada.
“Lamentablemente estamos con una gran incertidumbre porque la carne ha ido subiendo y está a niveles históricamente caros”, señaló Dardo Romero, referente del sector, al describir el momento que atraviesa la actividad. Según explicó, el valor local ya se ubica en parámetros internacionales elevados: “Siempre estuvimos tal vez un poco más caros que Brasil, en niveles de Uruguay, pero hoy inclusive estamos más caros que Australia”.
El problema no es solo de precios. En el mercado de hacienda de Buenos Aires —referencia clave para la formación de valores— las cotizaciones continúan en alza y no hay señales claras de freno. “No vemos cuándo va a parar esto y hay una baja importante de ventas”, advirtió.
Cambio en la mesa de los argentinos
El impacto ya se siente en el consumo. Aunque cae la carne vacuna, el consumo total de proteínas animales no necesariamente disminuye.
“Cada vez se come menos carne vacuna, pero si sumamos pollo y cerdo, cada vez comemos más carne”, explicó el referente. Esta reconfiguración del consumo golpea directamente a las carnicerías tradicionales, que pierden participación frente a otras proteínas más económicas.
La tendencia, además, no parece transitoria. A nivel global, la carne bovina es la opción más costosa, y Argentina no escapa a esa lógica.
El origen del cuello de botella
Desde el sector apuntan a un problema estructural. Durante años, sostienen, las políticas de control de precios buscaron mantener la carne accesible para el consumidor, pero desincentivaron la producción.
“El productor estuvo trabajando a pérdida muchos años, entonces se perdieron muchas cabezas del rodeo vacuno”, afirmó Dardo. El resultado es el actual cuello de botella: cuando se intenta liberar el mercado y aumentar exportaciones, la oferta disponible no alcanza.
La desconfianza a lo largo de la cadena —productores, frigoríficos, carnicerías— también alimenta la tensión sobre los precios.
Un horizonte de ajuste prolongado
El diagnóstico del sector no es optimista en el corto plazo. “Vamos a tener que apechugar un momento de poca oferta de carne… hasta que se recuperen los niveles de producción de Argentina”, sostuvo.
Los tiempos ganaderos son largos: recomponer stock bovino puede demandar entre tres y cuatro años. Mientras tanto, la estrategia de supervivencia para muchas carnicerías ya está en marcha.
“Tenemos que acompañar este cambio de consumo”, resumió. En la práctica, eso significa diversificación: cada vez más mostradores suman cerdo y pollo para sostener ventas ante el retroceso de la vacuna.
El mercado, por ahora, sigue en tensión. Y la mesa de los argentinos, en plena transformación.
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